¡Bienvenidos/as!

Bienvenidos/as a nuestro Fan Fic, nosotras somos Reira Suzuki y Hiyo Hannako.
Este fan fic es de temática Yuri (lesbian), si no te gusta este género, por favor sal de aquí.
También decir que este fic está compuesto por dos versiónes de cada capítulo: la versión del Uke (el sumiso) y la versión del Seme (el activo).

¡Esperemos que disfruten mucho de nuestros escritos!

¿Cuál es tu personaje favorito?

Aclaración

En el Yuri al igual que en el Yaoi hay una forma de llamar al Sumiso y al Activo. En el Yaoi es "Uke" para el sumiso y "Seme" para el activo, pero en el caso del Yuri cambia y es "Neko" para el sumiso y "Tachi" para el activo.

Dentro del Fan Fic están puestas palabras como "mi seme" o "mi ukecita" entre otras, las usemos porque no sabíamos forma correcta, así que las dejaremos y continuaremos usando estas palabras ya que si no quedaría mal y puede que inentendible.

Capítulo 2.2 - Mi Primera Cita con la Princesa (Versión Neko)

jueves, 24 de febrero de 2011


Me besó la frente, y con una sonrisa se levantó y vistió. Me quedé tendida en la cama, me dolía el trasero… No me podía creer nada de lo ocurrido, seguía embobada y avergonzada por lo pasado en la noche, encima yo estaba…ebria… Intenté recordar un poco lo ocurrido, pero era casi imposible…
-Hanna-chii, ya puedes bajar a comer!- gritó. Me levanté, con dificultades, y me puse una camisa.
Acabé de comer, estaba llena sin haber comido demasiado.
-¿Dónde has pensado en ir hoy?- me preguntó, expectativa.
-Aún no lo sé.- respondí, con timidez.

Era incapaz de mirarla a la cara, y aún menos de hablarle. Estaba muy aturdida.

-Ahora tengo que irme, volveré en la tarde, así que tienes unas tres horas para pensar.- me explicó.

-¿Dónde vas?- le pregunté, desconcertada. Tenía miedo de que se fuera después de haber pasado la noche conmigo, estaba muy asustada.

-Hoy sábado, es mi turno de cuidar a la mascota de la clase. El conejo Pompon.- me dijo, muy emocionada, como una niña pequeña (algo extraño en su apariencia refinada). Pero sabía cuánto le gustaban los animales y el comportamiento que esto le suponía a ella.

Asentí, un poco más tranquila, se fue de a casa. Me fui de nuevo a cuarto, caminando medio coja, apoyada en la pared. Me caí encima de la cama, bocabajo. Enrojecí enseguida, al volver unas imágenes borrosas en mi cabeza.
Comencé a acariciar la sábana, al darme cuenta, me di la vuelta, pero me hice daño yo sola, tenía un enorme dolor en el trasero. Cerré los ojos, con fuerza. No me podía creer nada de lo sucedido, era imposible que yo… con ella… No, no podía estar pasando… pero… ella estaba a mi lado, y su manera de tratarme… definitivamente, cambió un poco. Me tapé la cara.

Luego, después de tranquilizarme un poco, recordé que mis papás necesitaban un poco de ayuda económica… Recientemente los clientes de la pastelería habían disminuido considerablemente… Hace unos días que había hecho mi currículum, pero aún no estaba del todo convencida, pero después de saber que no perdería a Reira...Me decidí. Me vestí, con un poco de dificultad, y me fui de casa de Reira-san. Ya en mi casa me hice unas pocas copias de mi currículum.

Recordé que tenía que decidir un plan para esa tarde, me mordí la uña. Según mis datos, las parejas normales iban al cine, parque de atracciones, zoos… pensé en las dos primeras opciones, el zoo era muy infantil. La llamé.
-¿Moshi, moshi?- preguntó.
-Hola, Reira-san, soy Hanna. Te llamaba para decirte que ya pensé el plan para esta tarde.- dije, con emoción, ya que habían abierto un nuevo parque de atracciones por ahí cerca.
-Ah, bien. Y dime… ¿Cuál es?- me preguntó, notoriamente curiosa.
-Había pensado en ir al cine, y luego al parque de atracciones nuevo que han montado. ¡Me han dicho que es genial! ¿Qué te parece?- comenzaba a emocionarme.
-Oh, justamente tenía ganas de visitar el nuevo parque. Con gusto iré.- ella también parecía emocionada.
-¡Vaya, genial! Pues… ¿Qué película te apetece ver? Escoge tú.- estaba indecisa, no sabía que tipo de películas se veían en la primera cita.
-Ah, pues… una de amor… ¿Yaoi? Esto…Boys Love?- parecía avergonzada, su voz se sentía algo temblorosa.
-B-bueno… por mí no hay problema…- eso me decepcionó. No creía que en las primeras citas se fueran a ver ese tipo de películas.
-¿O prefieres ver una de miedo?- me propuso. Eso me hizo más ilusión, aunque era muy asustadiza, eso me daba una excusa para poder abrazar a Reira-san en algún momento de la película.
-Es que… da miedo…- le dije, avergonzada.
-Amor… si no diera miedo no sería una película de terror.- me dijo, burlona.- Eres una cobarde.- Insistió.
-Sí ya lo sabes… No hace falta decir más…- me ofendí. Ella sabía cuan asustadiza era yo.
-No seas grosera, te estaba provocando para que aceptaras.- me aclaró. Me gustaría saber qué pensaba de mí.
-Bueno… escoge tú… mientras sea contigo, no me importa la película que sea…- que infantil y tonto había sonado eso. Me puse roja yo sola.
-Aah… qué interés pones… Bueno, pues, ¿qué te parece “Japanese Horror Antology 3”?- me propuso. No sabía ni cual era.
-B-bueno… vale… entonces, ¿nos vemos delante del cine a las 5?- intenté evadir las imágenes que venían a mi cabeza sobre la película.
-Claro.- me contestó.
-Bien…- esperé a que me colgara.
En cuanto colgó, me duché. Me puse a arreglar lo máximo posible, quizás demasiado. Me puse una camisa y una minifalda, junto a unas botas con tacón.
Me peiné mi largo pelo, lo malo que tenía mi pelo era eso, demasiado largo, pero me encantaba. Miré el reloj, aún faltaba media hora, pero yo era muy puntual. Así que decidí ir tirando. Al llegar miré el reloj, faltaba un cuarto de hora. Me fui al baño y me quedé mirándome todo el rato, o quería que se moviera ni un pelo, quería estar radiante para Reira-san. Salí cuando faltaban 5 minutos para la hora prevista. Pasado 10 minutos, apareció Reira-san, yo ya estaba de los nervios.
-Hola cariño, ¿has esperado mucho? Lo siento…- se disculpó.

-N-no… en verdad acabo de llegar, pensaba que llegaría tarde.- mentí, y creo que lo hice bastante mal.
-Ooh, está bien.- asintió, no muy convencida.
Me cogió de la mano y me arrastró hasta dentro del cine y me sentó en la última fila de la sala, de espalda a la pared. Se sentó a mi derecha. Las luces se apagaron. Comencé a sentir miedo enseguida, se notaba lo miedosa que era, me avergonzaba de mi misma. Me coloqué la mano izquierda delante de mi boba, hecha un puño, la otra, en un puño también, encima de mi pierna. De repente sentí algo a mi espalda, di un pequeño salto, me giré lentamente hacia el sitio de donde venía, y vi que era Reira-san, que tenía su brazo detrás de mí, eso me tranquilizó.
-Quizá me pasé un poco trayéndote aquí… Si quieres podemos irnos.- me dijo, susurrando. Ahora tenía la intriga de ver esa película.
-No… estoy bien. Es sólo que… me asusta un poco, pero no pasa nada, puedo aguantarlo…- sentía vergüenza, pero también muy asustada.
-Bien…- no parecía muy convencida. Me besó la frente, y me abrazó. Eso me reconfortó.
Estaba muy concentrada en la película, aunque me daba real pánico lo que pudiera suceder. Temblaba un poco, pero no me preocupé por ello. Alguien me tapó los ojos, eso me sobresaltó.
-No te preocupes, no es necesario que veas la película… podemos hacer otras cosas…- me dijo, su voz resonaba en mi cabeza.
-No pasa nada, de verdad que estoy bien. Además, no hay nada que podamos hacer aquí dentro.- no entendía a qué se refería con esas palabras, no podíamos hacer nada más que ver aquella película.
Se bajó de la silla, eso me desconcertó un poco, se puso delante de mí. No había mucho espacio, así que tuve que abrir mis piernas para que ella cupiera. Me levantó la camisa, enrojecí. Recé porque no hiciera nada pervertido. Sabía que mis súplicas no serían escuchadas.
-¡No!- grité en medio de un susurro.- No podemos hacer esto aquí, hay más gente, y el vigilante se pasea de vez en cuando por aquí….- intenté poner excusas, tenía un buen motivo para hacerlo…- No podemos hacerlo. Espera un poco, ¿vale? Te prometo que lo haremos, pero no aquí.- mentí. Intenté apartarla de entre mis piernas, pues me estaba excitando y no quería que lo notara.
-Hace tiempo, cuando era pequeña, vi una pareja hacer lo mismo. Yo era muy cotilla, así que es normal que me diera cuenta de aquellos sucesos. La Uke también reprochaba, pero luego se inundó de placer y nadie más los vio.- aquel intento por convencerme no daría sus frutos.- Lo que quiero decir, es que siempre puede haber una posibilidad de que nos puedan pillar, pero da morbo estar en un lugar con mucha gente y que nadie se dé cuenta de lo que tratas de hacer.- Seguía pensando lo mismo, mi decisión seguía siendo un “No” rotundo.- Y no tiene importancia si el vigilante nos ve, estoy segura de que le gustará.- en ese momento enrojecí por completo, por suerte, la oscuridad de la sala no mostraba mi rostro. De repente volví a notar su mano en mis partes. Me levantó el sujetador, y me lamió los pezones.
Comencé a gemir descontroladamente, pero me tapé la boca, para no emitir sonido alguno.
-A-ah… no podemos… por mucho morbo que de… es sucio… en un lugar como este…- eran las manos de Reira-san las que me tocaban, eso me hacía enloqueces, mi cuerpo se estremecía con cada roce de su piel contra la mía. Pero debía parar todo aquello. Aquello no era lo que yo quería, yo no lo deseaba así…
-Será sucio, pero es divertido.- me dijo, sin dejar de tocar mi cuerpo. Me subió la falda y me frotó con delicadeza. Mi espalda se arqueó, no podía contenerme mucho más, tenía que parar eso lo antes posible.
-¡N-no! No toques ahí… Reira-san… espera un poco más… luego haré lo que quieras, pero espera…- intenté persuadirla, avergonzada.
-No, no esperaré, no puedo…- se negó, me quedé de piedra. No solía ser tan cabezona ni tan fría conmigo.- No, más bien, no quiero esperar.- me cogió de las piernas y me tiró un poco de ellas, haciendo que mi cuerpo bajara. Me quitó las braguitas, me avergoncé, luego, comenzó a lamer mi clítoris.
-¡Kyah!- se me escapó un grito sordo, me tapé la boca, para dejar de hacer ruidos extraños.
-Ukecita mía, no grites. No querrás que todo el mundo sepa de esto, ¿verdad?- me sonrió, pero en ningún momento dejó de masajear mis partes.
Luego los metió dentro mío, eso fue doloroso, dolía mucho, pero también me excitaba. Esa sensación tan extraña me estaba volviendo loca. Me estremecí sin control, intenté cerrar las piernas, pues no era eso lo que yo deseaba, pero estaba demasiado caliente ya, no aguantaba más, estaba perdiendo el control sobre mí misma.
-M-más…- pedí, sofocada.
-Sabía que no podrías resistirte.- parecía satisfecha. Eso no me pareció bien, ella era demasiado persistente.
Entonces se escuchó un fuerte grito proveniente de la película, me asusté.
-Aah… Creo que al fin y al cabo, con esta película no me concentro.- me dijo, quitando sus dedos de dentro mío y volviendo a su sitio.- Lo siento, no puedo hacer nada de esta forma, me altero y no me excito…- se disculpó (debería haberlo pensado mejor antes de hacer nada)- Pero… si por una vez pudiera ser uke… quizá…- me dijo, con picardía.
-Espera un poco, ¿sí?- intenté evadir sus propuestas, intentando volver en mí.- Espera a que el día termine y haré todo lo que desees.- mentí.
-¿Cómo?- se molestó.- ¿Por qué ahora te niegas, y antes me pedías más y más?- aumentó su tono de voz.
Eso me enfadó. Era culpa suya que me hubiera puesto así, ella era quien me estaba buscando, y cuando me encuentra, va, y vuelve a ser la de siempre, eso no era justo. Quise darle una lección, así que no tuve más opción que hacer que entendiera un poco mi modo de pensar. La besé, a desgana, y luego le fui besando el cuello, cada vez fui bajando más, toqué sus partes con la yema de los dedos. No mostró interés alguno, estaba como… inerte.
-No, de esta forma no quiero que hagas nada.- me entendió. Ya se estaba levantando. Me quedé sorprendida. ¿Se habría enfadado conmigo?
-Espera…- la llamé- ¿Ves cómo no es así como se debe hacer?- a cogí del brazo.- Por eso te decía que aquí no. No tenemos intimidad para hacer todo lo que nos gustaría.- enrojecí al darme cuenta de mis propias palabras.- Así que, espera, y te llevaré a un lugar donde podrás decidir qué hacer y con qué hacerlo.- ni yo misma entendía lo que estaba diciendo, hasta que se me ocurrió una idea, la pega era que esa idea no me fascinaba para nada. Pero sonreí, para darle un poco de credibilidad al asunto. Ya me las apañaría para solucionar ese problema.
-Quería hacerlo aquí porque me gusta el morbo.- me dijo, lujuriosa.- Pensé que tú también disfrutarías de un poco de acción.- puso en su rostro una gran sonrisa.- Pero bueno… está bien… Llévame donde desees.- desistió.
-Bien, cuando terminemos nuestra cita te llevaré.- sonreí, luego tiré un poco de ella, para que se sentara.
-Bien.- parecía descontenta. No quería que ella estuviera así.
La besé, luego la cogí de la mano, avergonzada. Terminamos de ver la película. Después de salir del cine nos fuimos hacia el parque de atracciones.
-No sé dónde queda, tendrás que guiarme tú.-me dijo. Yo tampoco sabía muy bien donde quedaba, recordé más o menos donde estaba orientándome por las tiendas y los distritos, ya que así aparecía en los anuncios del parque de atracciones.
Nos fuimos acercando al parque. Me había costado dios y ayuda encontrar el sitio. Me pierdo con gran facilidad, me suelo poner de los nervios cuando eso me pasa, pero no quería mostrarle esa parte de mí a Reira-san.
-¡Mira, es aquí!- me puse realmente feliz de ver aquel bonito sitio y de haberlo encontrado (todo un logro para mí).
-¡Qué bonito!- Reira se emocionó.- ¿Dónde te apetece subir primero? ¿A la montaña rusa? ¿Al tiovivo? ¿A la noria…?- preguntó.
-¿Montaña rusa?- respondí con otra pregunta.
-¡Bien!- cuando miramos la cola para subir, nos quedamos con la boca abierta. Aquella cola era interminable.- Pero siempre hay mucha cola.- se quejó.
Miré a la entrada, y reconocí una radiante cara. No me lo podía creer, ¿Jae? Me habían dicho que estaba trabajando fuera del pueblo y que era en un parque de atracciones, pero igual me sorprendió. Se me ocurrió una idea.
-Siempre hay una entrada para los Vips…- le guiñé un ojo. Jae era incapaz de decirme que no, siempre acababa cediendo. Decía que era por mi cara de niña (en su época, eso me enfadaba, pero me acostumbré a escucharlo).
Cogí a Reira de la mano y la llevé junto a Jae.
-¡Hola Jae!- lo saludé con la mano, animada.
-Hola Hanna, cuánto tiempo. ¿Qué puedo hacer por ti?- le di dos besos.
-Queríamos subir, es el primer día que venimos. Pero es que… hay tanta cola…- me puse inocente, haciéndole un poco de chantaje emocional, en broma.
-Anda, aprovechada, pasad por aquí. Por detrás de esta puerta. Seguid las escaleras y llegareis al principio de la cola. Es para os ricachones, pero haré una excepción.- Jae me cogió de la cara y me dio un gran beso en la mejilla, lo solía hacer.- Llámame de vez en cuando, enanita, que no sé nada de ti desde hace tiempo.- me dio una palmadita en la espalda mientras sonreía.- Ah, por cierto, soy Jae.- se presentó a Reira.
¡Reira! ¡Me había olvidado de ella! Hacía tanto que no veía a Jae que me había olvidado del mundo… Estaría enfadada conmigo… no le gustaba que la gente la dejara al margen… Intenté remediarlo.

-¡Ah, Reira-san! Él es Jae, un amigo del pueblo de mi abuela. Ha venido a trabajar aquí, nuevas oportunidades… ya sabes.- parecía enfadada…
-Hola, encantada.- su sonrisa se notó falsa, le dio dos besos a mi amigo.
Luego de despedirnos de él, nos fuimos escaleras arriba. Hasta que por fin llegamos.
-¡Bien! Llegamos las primeras con tan solo subir las escaleras.- grité, feliz.
-¡¡Ooh, que emocionante!!- no parecía muy feliz.
Al verla así, sólo se me ocurrió animarla con un ataque de cosquillas. Ella comenzó a reírse, sin poder parar.
-¡Emociónate más!- dije, sin dejar de hacerle cosquillas.
-Sí, ¡bien!- parecía más animada. Eso me alivió y alegró.
-Subamos.- le avisé.
Nos pusieron en primera fila, ella estaba sentada a mi izquierda del vagón. Yo estaba muy emocionada. Nunca había estado en un parque de atracciones, y eso me emocionaba aún más.
-Ah, ukecita… ando algo asustada…- parecía nerviosa.
-¡No pasa nada!- intenté animarla, yo no pensaba echarme atrás, quería subir a la montaña rusa, y ahora hasta estábamos sentadas en los vagones.
Cuando salimos de la atracción me rodaba la cabeza, no sabía ni donde tenía que colocar los pies. Todo me daba vueltas.
-Buah… qué ganas de vomitar…- me tapé la boca, pero eso no quitaba que andaba con hambre, quería comer algo dulce.- Pero tengo hambre, comamos algo para merendar…¡ Ya son las 7!- me sorprendí.
-¿Tú también te encuentras mal?- parecía encontrarse mal. Pero parecía hambrienta, también.- Claro, vayamos a comer algo, de mientras, podríamos subir a la noria y comer allí, ¿no?- se le iluminó el rostro.
-Es que en la noria no se puede comer, y el recorrido dura 20 minutos. ¿Por qué no comemos algún pastel antes de subir, y luego vamos?-le sonreí, con timidez.
-Claro.- contestó. Me llevó a un bar, donde había mucha variedad de pasteles.- Escoge el que más te guste, invito yo.- se ofreció. Me sonrió.
-Gracias.- comencé a pedir.- Un mil hojas y una Fanta, por favor.- le pedí al camarero.
El camarero miró a Reira, para saber lo qué quería tomar.
-¿Reira-san?- le llamé la atención. Volvió en si.
-¿Eh? Lo siento. Yo pediré un pastel de nata y trufa y un zumo de piña, por favor.- pidió tímidamente.
Cuando lo que pedimos llegó, comenzamos a comer. Me encantó el sabor tan dulce de aquel pastel. Pero estaba muy emocionada con subir a la noria, así que comencé a comer rápido.
-¡Qué bueno está este pastel!- me atraganté con un pedazo de pastel y enseguida bebí un poco de zumo.-¡Por poco pensé que iba a morir!- se rió de mi, pero lo pasé por alto.
-Hanna, come despacio, el día no se acabará porque comas tranquila.- de repente cogió mi zumo y se lo comenzó a tomar. Después cogió un pedazo de mi pastel y se lo comió, como si nada. Me enfurruñé.
-¡Qué bueno!- se sonrojó.
-¡Eh! ¡Mi zumo y mi pastel! No se vale.- puse morritos, estaba algo enfadada por robarme mi comida sin pedir permiso.
-No seas egoísta.-cortó un pedazo de su pastel.-Vamos a compartir.-me acercó ese trozo a la boca.- Ya verás que bueno está mi pastel.-sonrió.
-Bueno…- cerré los ojos y abrí la boca, confiada.
-¿Nee, te gusta?-me preguntó.
-¡Sí, está muy bueno!- chillé de pura emoción.- ¡Quiero más!- exigí.
Me sacó la lengua, burlándose de mí. Luego cortó otro pedazo de pastel y se lo comió, parecía que me quisiese dar envidia. Después hizo algo que me paralizó, una cosa que yo nunca abría hecho en público. Se acercó a mí y me besó, me pasó un poco de pastel, era mucho más dulce que antes. Luego se apartó un poco más de mi.
-Así está más bueno, ¿no crees?- seguía un poco paralizada. Miré un poco a mí alrededor, todos nos estaban mirando.
-Sí, pero… Es mejor que no hagas ese tipo de cosas en público, espera un poco.- ya no sabía cómo contener a Reira, estaba irrefrenable. Me sonrojé. La besé, y rápidamente volví a mi merienda. Esperaba que el efecto de ese beso durara, ya que no quería que se descontrolara demasiado pronto… sería demasiado problemático.
-No te sonrojes, ¿es que a caso la gente nunca ha hecho este tipo de cosas con su pareja?- se sentó de nuevo y terminamos de merendar.
Cuando acabamos nos fuimos hacia la noria.
-Pensaba que habría más cola, la verdad…Esto es bueno.- comentó, parecía estar de buen humor, eso me alegraba.
-Sí, también pensaba que tendríamos que esperar una eternidad.- me metí dentro de la cabina, detrás de mí entró Reira. Estaba muy ilusionada.- Siempre quise subir a una noria, ¡es genial!- sonreí, mirando por una de las ventanas.
-Me alegra que te guste, pero nunca pensé que esta fuera tu primera vez.- me dio por pensar mal, me sonrojé, pero intenté esconderlo.
Cada una nos sentamos en un extremo del cubículo.
-La vista es preciosa, ¿verdad?- me comentó.
-Sí, es genial. Me encantan las alturas. Desde aquí todo es precioso.- me encantaba mirar por la ventana. Me encantaban las alturas y las vistas nocturnas.
Lo bueno de la noria es que siempre se paraba en las alturas, dejándonos flotar e imaginar millones de cosas.
-Nee… ¿sabes qué pensé?- se sentó a mi lado, no le di importancia.

-Dime.- estaba absorta en aquella vista tan maravillosa.
Me cogió de la barbilla, me besó.
-Adivina…- su mirada era un libro abierto. Sabía que se me estaba insinuando.
-No pensarás en…- me sonrojé, estaba asustada. No quería eso… tan sólo quería que nuestra “primera vez” conscientes de lo que hacíamos… Quería que fuera todo my romántico…
-Claro que sí.- me respondió. Me fue tumbando en el suelo, lentamente. Estaba demasiado nerviosa…- Nos da tiempo de sobra.- me fue desabrochando la camisa, yo estaba paralizada, no podía mover un solo músculo. Después me subió la falda. Eso ya era demasiado… así no… por favor…
-T-te dije que tuvieras paciencia hasta esta noche, ¿ya no lo recuerdas?- intenté ponerme la falda bien, parar todo aquello…Busqué alguna excusa para parar aquella locura.- Puedo besarte en la boca y darte cuantos besos quieras, pero aguarda tus ansias de hacerlo…- a besé y me levanté, intentando volver a la normalidad.
-¿No te da morbo? Nadie nos verá.- insistió, me volvió a tirar al suelo, volviendo a desnudarme. Me fue quitando la ropa interior. No podía decir que aquello no me gustaba, pero como ya había dicho antes, quería tener una primera vez más romántica, que me quedara grabada en la memoria. Parecía conocer cada centímetro de mi cuerpo, cada milímetro de mi piel…- Te prometo que no te arrepentirás.- me susurró, con esa voz tan femenina que sabía que me dejaba indefensa.
Estaba a punto de derretirme, toda ella me encantaba. Me besó de nuevo y fue tocando cada milímetro de mi piel. Pero tenía que intentar mantener la compostura, tenía que aguardar, al menos un poco más…
-P-pero…-se me entrecortó la voz. Mi cuerpo temblaba con cada roce de su piel con la mía. Endurecí un poco mis facciones, tenía que ponerme un poco más seria.- Entonces… esta noche te quedas sin nada… estás adelantando las cosas y… te dije que tenía un plan especial para esta noche.- lo intenté con una amenaza. Miré para otro lado.
-Ukecita, esta noche haremos lo que desees, pero ahora vamos a hacer lo que yo diga.- siguió como si nada. Eso era demasiado egoísta por su parte. Pero continué intentando frenara, con las pocas energías que me quedaban para ir en contra de la princesa de la escuela…
-N-no nos da tiempo…seremos descubierta.- quería que aquello acabara allí por aquella tarde, pero sabía cuan complicado sería volver a detenerla.
-No cariño, no seremos descubiertas.- me susurró, con voz dulce. Se lamió los dedos, introduciéndolos lentamente dentro de mi cuerpo… Eso ya era demasiado para mí.
Arqueé mi espalda, de puro placer, siguió moviendo incansablemente sus dedos dentro mío. Empecé a gemir, sin poder detener aquellos gritos tan extraños. Cada vez estaba más descontrolada. No podía controlar ni un solo músculo en todo mi cuerpo.
-Esa es mi ukecita.- parecía feliz, pero en ese momento no estaba muy al caso de las reacciones de mi seme. De repente bajó la cabeza y comenzó a lamer mi clítoris. Levantó un poco su cabeza.- Esta noche disfrutarás más que esto…- me sedujo con su voz y su mirar, me tenia embelesada. Luego se dedicó a lamer y mordisquear mis pezones.
-P-para… queda poco para que lleguemos abajo… Deja que me arregle la ropa y el cabello antes de salir…- aún era un poco consciente de lo que hacía.
Pero ella seguía sin hacerme caso.
-No te soltaré hasta que termines.- bajó y lamió mis partes con delicadeza, sin parar de mover sus dentro mío.
No lo podía soportar más, no podía resistir el tremendo chillido que quería soltar, y tan solo lo dejé salir de mi cuerpo. La rodeé con mis brazos, sin poder detenerme. Ya me daba igual todo, tan solo sabía que estaba disfrutando de relaciones íntimas junto a mi amada Reira-san (aún estando en un lugar público).
-Esa es mi niña.- me susurró al oído, se alejó de mí inmediatamente. Vamos, vístete, o alguien más que yo te verá desnuda.- eso sonó realmente frío por su parte.
Enrojecí y bajé la mirada. En seguida me levanté, sin mirarla a los ojos. Me coloqué las braguitas y me coloqué en su sitio la falda. Intenté abrocharme los botones de la camisa, pero era inútil. Los actos de Reira y aquellas duras y frías palabras me hacían temblar.
-Aah… Mi ukecita, eres bastante torpe.- eso me ofendió, aunque en parte tenía razón. Me cogió de la camisa y me acercó un poco a ella, y me abrochó los botones con toda tranquilidad. Me pareció que me olvidaba de algo importante, pero no le di más importancia, ya lo recordaría más tarde.-Bajemos, ya hemos terminado.
-S-sí…- asentí. Me intenté arreglar un poco, aunque me era muy difícil. La cogí de la mano, ella estaba rara. Siempre que la cogía de la mano solía tranquilizarse.
Salimos del parque de atracciones, noté que alguien me miraba, pero no le di más vueltas.
-Lindos pechos.- me dijo. No entendí lo que quiso decirme.
Luego me miré los senos, y me di cuenta de lo que estaba pasando. Me tapé con el brazo izquierdo los senos y con la mano derecha rebusqué en mi bolso, sacando de su interior una chaqueta, después me la puse.
-Me haces pasar por cosas vergonzosas… ¿no decías que no querías que nadie me viera desnuda? Mis pechos se transparentan por encima de la camisa.- me quejé.
Sonrió. Eso me fastidió un poco. Me hacía pasar por cosas realmente vergonzosas...
-Lo sé, pero me agrada avergonzarte.- me cogió por la cintura. Eso me pilló por sorpresa, y solté un pequeño grito de sorpresa, enrojecida y sorprendida.- Pero no te enfades, ¿nee?- cambió su sonrisa pícara por una muy dulce. Después de unos minutos de silencio, habló- ¿Dónde te apetecería ir ahora?
-No lo sé… escoge tú. No me importa el lugar… pero dentro de poco será mi hora de volver a casa… así que tenemos que darnos prisa…- aparté la mirada.
Ya casi no recordaba que había prometido a mi madre que la ayudaría. Pero ya le había prometido que me quedaría a pasar la noche en su casa.
-¿No te apetece volver ya a casa?- preguntó.
-Sí, bueno… Quería ayudar a mi mama con algunos dulces nuevos… ella me lo pidió.- le expliqué.
Ella tan solo asintió. Me acarició la cabeza.
-Claro, volvamos a casa.- me sonrió.
Nos subimos a bus y fuimos hacia casa. Nos despedimos en la entrada.
-Nos vemos más tarde.- me mostró una hermosa sonrisa.- ¡Y espero que me dejes probar esos deliciosos dulces!- dijo, mientras se marchaba.
Entre en mi casa. Ahí estaba mi mamá, en la cocina, preparando todos los utensilios para el trabajo que nos esperaba. Nos pusimos manos a la obra enseguida. Eran costosos de hacer, esos nuevos dulces, pero con tan solo pensar que muchísima gente los podrían disfrutar, le puse mucho más empeño, aunque aquellos eran de prueba. Mi papá estaba comprando más ingredientes para la pastelería, así que no nos podría ayudar, aunque, por lo que me había contado mamá, él ya sabía hacerlos, o al menos, en parte. Fue un trabajo muy laborioso y nos costó bastante que quedaran con muy buena pinta, pero al final quedaron bastante lindos.
Cuando acabé de hacer todos aquellos pastelitos me fui corriendo a la ducha, debía tener un aspecto horrible, no me había mirado desde hacía muchísimas horas. En cuanto acabé de vestir algo cómodo y peinar mi cabello, me fui hasta la cocina. Allí mi mamá ya tenía preparada una bonita cajita con todos los dulces dentro. Era costumbre, Reira y su familia siempre probaban nuestros nuevos dulces y nos daban su opinión, lo llevábamos haciendo muchos años. La agarré y salí de la casa, dirigiéndome hacia la casa de Reira-san. Saqué mi juego de llaves de la casa de Reira y abrí la puerta.
-Con permiso…- dije, entrando y descalzándome.
Subí hasta la habitación de Reira, ya que todas las luces estaban apagadas, menos las de su cuarto. De repente alguien me agarró y me puso unas esposas. Unas lágrimas rodaron por mis mejillas, estaba muy asustada. Me quedé medio arrodillada, atada a los barrotes que había en la pared. Estaba temblando. Hasta que vi el rostro de Reira-san.
-Hoy nos lo vamos a pasar en grande, mi ukecita.- estaba muy extraña, eso me asustaba… De repente me arrancó el vestido de cuajo, haciéndolo girones. Lloré con más intensidad.- Esta noche va a ser la mejor que hayas tenido nunca…- esas palabras se clavaron en mi pecho, como dagas… Esa no era la persona que yo amaba… No quería que las cosas terminaran de aquella manera…
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Capítulo 2.1 - Mi Primera Cita con mi Neko (Versión Tachi)

domingo, 6 de febrero de 2011

Bueno, este es un capítulo algo más largo, pero espero que lo disfruten:)
Este es la primera versión del capítulo 2, en modo Seme XD, espero que cuándo Hanna termine la versión 2 en modo Uke también les agrade ^-^
Ahora, ¡disfruten del capítulo!


PRIMERA CITA 2.1

Besé la frente de Hanna y con una sonrisa me levanté y me vestí. Fui hacia el salón-cocina donde preparé la comida, ya que eran las dos de la tarde. Estábamos reventadas del suceso de anoche. Mis padres no estaban en casa ya que trabajaban, así que serví la comida en la mesa del comedor. Había preparado unos Yakusoba (fideos de sobre japoneses) y pescado.

-¡Hanna-chi, ya puedes bajar a comer!- Grité esperando que terminara de vestirse.

Cuándo las dos terminamos de comer, le pregunté...

-¿Dónde has pensado en ir hoy?- Quería que ella decidiera el lugar al que íbamos a pasar la tarde.

-Aún no lo sé.- Me respondió algo tímida.

-Ahora tengo que irme, volveré en la tarde así que tienes unas tres horas para pensar.- Le aclaré.

-¿Dónde vas?- Me preguntó algo desconcertada.

-Hoy Sábado, es mi turno de cuidar a la mascota de la clase. El conejo pompon.- Le dije toda emocionada. Me encantan los animales.

Ella asintió y así me fui hacia el lugar. Hacía mucho frío en la calle y el horrible viento me despeinaba y me empujaba hacia adelante.

-¡Qué frío hace!- Exclamé encogida.

Cuándo llegué, entré en el cobertizo que hay tras el patio de la escuela y entré en la jaula de los conejos.

-¡Hola, bonitos!- Exclamé.

Fui a buscar la comida en un rincón de la jaula, al lado de los comederos, y les eché la comida. Todos corrieron haca donde me encontraba en busca de un bocado. Salí de la jaula y la cerré con llave, entonces me fui de allí, con la intención de que antes de volver a casa pudiera comprar unos pastelitos distintos que los habituales hechos por su madre.

Ya que el camino de casa al instituto era de media hora, más los quince minutos que estuve en el cobertizo pasaron ya tres cuartos... Tengo que darme prisa en buscar un establecimiento abierto.
Cinco minutos después llegué en frente de una pastelería nueva que acababan de abrir. Los pasteles de allí eran casi más deliciosos que los de la tía. Pero la tienda no estaba abierta...

-¿Cómo es posible?- Rechisté, sin ninguna otra opción que rebuscar.

Pasaron cinco minutos más y llegué a una calle donde había una pastelería y justo al lado un Café Maid. Los dos lugares estaban abiertos, pero decidí entrar en aquella pastelería.
Era muy bonita, llena de decoración elegante y sofisticada, pero a la vez con un toque romántico.

-Qué bonito...- No pude evitar decirlo.

Me acerqué a los mostradores que estaban al lado de la caja, donde se pagaba por las consumaciones. Todos aquellos pasteles eran obras de arte...
Me decidí por uno muy curioso, era alargado, tenía tres fresas y estaba adornado por trufa, nata y chocolate negro.
Le pedí al camarero que en ese momento apareció a mi lado si podía entregarme dos de aquellos pastelitos. Él se acercó a la cajera y ella lo envolvió y me lo entregó.

-Son 1400 ¥ , por favor.- Pidió amablemente el pago.

La verdad es que la tienda era cara, pero por una vez valía la pena.

-Gracias.- Le pagué los yenes y me fui.

Al cabo de un rato, mientras iba de camino a casa alguien me llamó al móvil.

-¿Moshi, Moshi?- Pregunté.

-Hola, Reira-san, soy Hanna. Te llamaba para decirte que ya pensé el plan para esta tarde.- Dijo emocionada Hanna.

-Ah, bien. Y dime... ¿Cuál es?- Le pregunté algo curiosa.

-Había pensado en ir al cine, y luego al parque de atracciones nuevo que han montado. ¡Me han dicho que es genial!. ¿Qué te parece?-

-Oh, justamente tenía ganas de visitar el nuevo parque. Con gusto iré.- Le digo emocionada también, ya que pocas veces tenía la ocasión de salir a lugares de este estilo.

-¡Vaya, genial!. Pues... ¿qué película te apetece ver?. Escoge tu.- Me pregunta indecisa.

-Ah, pues... una de amor... ¿Yaoi?. Esto... ¿Boys Love?- Le digo algo tímida, ya que habían estrenado una nueva que aún tenía que ver.

-B-bueno... por mi no hay problema...-

-¿O prefieres ver una de miedo?- Le propongo, con ganas de ver también una que habían estrenado.

-Es que... da miedo...- Me dice tímidamente.

-Amor... si no diera miedo no sería una película de terror.- Le digo de forma burlona. -Eres muy cobarde.- Insistía.

-Si ya lo sabes... no hace falta decir más...- Dijo con un tono ofensivo.

-No seas grosera, te estaba provocando para que aceptaras.- Le aclaré, mientras pensaba en lo inocente que podía llegar a ser algunas veces.

-Bueno... escoge tu... mientras sea contigo no me importa la película que sea.-

-Aah... qué interés pones... Bueno, pues ¿que te parece “Japanese Horror Antology 3”?.- Le propuse. Era la tercera película de la trilogía “Japanese Horror Antology” y moría de ganas por verla.

-B-bueno... vale... entonces, ¿nos vemos delante del cine a las 5?

-Claro.- Le asentí.

-Bien...- Y colgé el telefono.

Rápidamente volví a casa y metí los pasteles en la nevera, seguidamente me fui a la habitación y me arreglé cómo pude con los diez minutos que me quedaban. Antes de salir pensé que sería divertido hacer esperar a Hanna, así que tardé diez minutos más de la hora prevista. Cuándo llegué Hanna ya estaba allí.

-Hola cariño, ¿has esperado mucho?. Lo siento...- Me disculpé.

-N-no... en verdad acabo de llegar, pensaba que llegaría tarde.-

-Ooh, está bien.- Le asentí.

Luego la arrastré al cine y nos sentemos al final de una de las filas traseras que a la espalda daba a la pared. Yo me siento a la derecha de Hanna. Entonces se apagan las luces. Extrañamente empiezo a sentir un poco de miedo. Quizá era por el ambiente... Pero repentinamente me vino el pensamiento de mi ukecita y de reojo la miré, en verdad daba morbo verla asustada. Entonces paso mi brazo por su espalda y la abrazo.
En aquél momento, al ver la reacción asustadiza de Hanna pensé que quizá fue muy repentino el llevarla a ver una película tan grotesca.

-Quizá me pasé un poco trayéndote aquí... Si quieres podemos irnos.- Le aclaré, con sentimiento de culpa.

-No... estoy bien. Es sólo que... me asusta un poco, pero no pasa nada, puedo aguantarlo...- Aquella expresión suya, tímida y asustadiza me hacía volver loca.

-Bien...- Dije no muy convencida mientras le besaba la frente y fuertemente la abrazaba.

En el cine no había mucha gente, estábamos sentadas en un lugar casi aislado, donde nadie podía vernos completamente. Al notar los temblores de Hanna le tapé los ojos.

-No te preocupes, no es necesario que veas la película... podemos hacer otras cosas...- Aquella indirecta que le propuse me hizo sonrojar a mi misma.

-No pasa nada, de verdad que estoy bien. Además, no hay nada que podamos hacer aquí dentro.- Dijo toda inocente, dándome cuenta de lo poco sabía su cabecita. -Claro que sí. Hay una cosa en especial que podemos hacer.- Le dije todo sonriendo.

Bajé de la silla y me puse delante de Hanna, haciendo que se abriera de piernas por el poco espacio que había. Entonces le levanto la camisa.

-¡No!- Gritó en un susurro. -No podemos hacer esto aquí, hay más gente y el vigilante se pasea de vez en cuándo por aquí...- Se excusó toda exaltada. -No podemos hacerlo. Espera un poco, ¿vale?. Te prometo que lo haremos, pero no aquí...- Terminó, mientras intentaba despegarme de sus piernas.

Noté la incomodidad de mi ukecita, así que intenté calmarla.

-Hace tiempo, cuándo era pequeña, vi una pareja hacer lo mismo. Yo era muy cotilla así que es normal que me diera cuenta de aquellos sucesos. La Uke también reprochaba, pero luego se inundó de placer y nadie más los vio.- Aquél suceso no me convencía mucho... -Lo que quiero decir, es que siempre puede haber una posibilidad de que nos puedan pillar, pero da morbo estar en un lugar con mucha gente y que nadie se de cuenta de lo que tratas de hacer.- No sabía aclararle mis pensamientos de otra forma. -Y no tiene importancia si el vigilante nos ve, estoy segura de que le gustará.- Le dije finalmente con una lujuriosa mirada, y seguí tocando a Hanna. Le levanté el sujetador y le lamí los pechos.

-A-ah... no podemos... por mucho morbo que de... es sucio... en un lugar como este...- Aunque aquellas palabras salieran de su boca, yo sabía que estaba sintiendo placer.

-Será sucio, pero es divertido.- Le dije mientras seguía en mis cosas. Le subí las las faldas y sobre la ropa interior le froté sus partes delicadamente con los dedos.

-¡N-no!, no toques ahí... Reira-san... espera un poco más... luego haré lo que quieras, pero espera...- Se avergonzaba tanto de aquellas cosas... era realmente linda.

-No, no esperaré, no puedo...- Le dije excitada. -No, más bien no quiero esperar.- Entonces le agarré de las piernas y la empujé un poco hacia abajo para que Hanna estuviera medio recostada. Le quito las bragas y le empiezo a lamer el clítoris.

-¡Kyah!.- Hace un grito sordo, mientras se tapa la boca para no hacer ruido.

-Ukecita mía, no grites. No querrás que todo el mundo sepa de esto, ¿verdad?.- Le dije sonriendo, mientras masajeo sus partes con los dedos, y luego los meto lo más hondo que puedo dentro suya.

Noté cómo Hanna se estremecía y entrecerraba las piernas. -M-más...- Pidió sofocada.

-Sabía que no podrías resistirte.- Le respondí toda satisfecha. Si bien, Hanna aveces es algo testaruda pero fácilmente se le puede hacer cambiar de opinión. -Veo que disfrutas, ¿eh?.-

En aquél momento se escuchó un fuerte grito proveniente de la película y yo me alteré un poco.

-Aah... creo que al fin y al cabo con esta película no me concentro.- Le dije, mientras despegaba mis dedos de su vagina y me levantaba para incorporarme en mi sitio. -Lo siento, no puedo hacer nada de esta forma, me altero y no me excito...- Le aclaré. -Pero... si por una vez pudiera ser Uke... quizá...- Le lancé una indirecta.

-Espera un poco, ¿sí?- Dijo ella intentando evitar mis intenciones. -Espera a que el día termine y haré todo lo que desees.-

-¿Cómo?- Reproché algo molesta. -¿Porqué ahora te niegas, y antes me pedías más y más?- Le dije con un tono de voz algo aumentado.

Hanna, al escuchar mis quejas no tuvo más remedio que asentir. Me besó y luego se dirigió a mis partes, tocandolas con las yemas de sus dedos. En aquél momento dejé de tener interés por aquella situación.

-No, de esta forma no quiero que hagas nada.- Sabía que mi ukecita estaba incómoda y lo hacía sin ninguna gana. Así que me preparé para levantarme e irme.

-Espera...- Me llamó la atención Hanna, ¿se lo habría pensado mejor?. -¿Ves como no es así cómo se debe hacer?.- Me cogió del brazo. Su tozudez de hacer “las cosas correctas” nunca desistía. -Por eso te decía que aquí no. No tenemos intimidad para hacer todo lo que nos gustaría. Así que espera y te llevaré a un lugar donde podrás decidir qué hacer y con qué hacerlo.- Aquella sonrisa pícara que me dedicó hizo que mi cabreo se apaciguara un poco, pero no dejé de seguir con mi opinión.

-Quería hacerlo aquí porque me gusta el morbo.- Le dije con lujuria. -Pensé que tu también disfrutarías de un poco de acción.- Sonreí de oreja a oreja. Pero me hacía gracia lo que mi uke me propuso, así que dejé que hiciera lo que deseara para ver qué se traía entre manos.- Pero bueno... está bien... llevame donde desees.-

-Bien, cuándo terminemos nuestra cita te llevaré.- Ella sonrió y tiró un poco de mi brazo para hacerme saber que quería terminar de ver la película.

-Bien.- Dije algo descontenta, pero conforme con la situación.

Ella me besó y me agarró la mano, y así terminemos de ver la película. Cuándo salimos del cine nos dirigimos hacia el parque de atracciones. -No sé donde queda, tendrás que guiarme tu.- Le digo, ya que no me oriento demasiado bien.

Mientras caminamos, poco a poco nos acercamos a un lugar muy iluminado, donde Hanna dice...
-¡Mira, es aquí!- Poniéndose realmente contenta, cómo si de un niño de cinco años se tratase.

-¡Qué bonito!- Exclamé también toda emocionada. No podía evitar emocionarme con aquellos lugares... que me hacían parecer exactamente algo que no soy. -¿Donde te apetece subir primero?, ¿A la montaña rusa, al tiobibo, a la noria,...?- Le pregunté.

-¿Montaña rusa?- Respondió con una brillante mirada.

-¡Bien!- Dije emocionada, pero la cola que había me desalentó al momento. -Pero siempre hay mucha cola.- Me quejé.

-Siempre hay una entrada para los vips...- Dijo guiñandome el ojo. ¿Qué quería decir?.

Entonces, Hanna junto a mi se dirije al joven chico que dirigía la montaña rusa.

-¡Hola, Jae!- Saluda Hanna con su mano, arrastrandome con ella.

-Hola Hanna, cuánto tiempo. ¿Qué puedo hacer por ti?- Le preguntó mientras se daban dos besos.

-Queríamos subir, es el primer día que venimos. Pero es que... hay tanta cola...- Dijo inocente, algo que me sacaba un poco de mis casillas.

Miré extrañada a aquél sujeto y empecé a sentir celos. Pero pensé que quizá no debiera meterme aún, mientras seguía escuchando detalladamente lo que ellos dos decían.

-Anda aprovechada, pasad por aquí. Por detrás de esta puerta, seguid las escaleras y llegareis al principio de la cola. Es para los ricachones, pero haré una excepción.- Entonces agarró a Hanna de la cara y le dio un fuerte beso en la mejilla. -Llamame de vez en cuándo enanita, que no sé nada de ti desde hace tiempo.- Entonces le dió una palmada en la espalda a Hanna. Aquellas acciones me reventaban, si no fuera por mi auto control le habría soltado unos cuántos puñetazos. -Ah, por cierto, soy Jae.- Se presentó ante mi.

-¡Ah, Reira-san! Él es Jae, un amigo del pueblo de mi abuela. Ha venido a trabajar aquí, nuevas oportunidades... ya sabes.- ¿Ahora recordaba en presentarnos? Hacía un minuto ni se acordaba de mi.

-Hola, encantada.- Le dije sonriendo forzosamente, mientras le daba dos besos desganados.

Subimos las escaleras y llegamos arriba.
-¡Bien, llegamos las primeras con tan solo subir las escaleras!- Exclama Hanna.

-¡¡Ooh, qué emocionante!!- Dije algo emocionada, pero nerviosa ya que no me hacían mucha gracia este tipo de cosas.

Entonces Hanna, al ver mi poco entusiasmo me empezó a hacer cosquillas para animarme.
-¡Emocionate más!-

Yo me sorprendo, y me alivio un poco con las cosquillas que Hanna me hizo. -Sí... 'bien!.- Dije finalmente toda convencida.

-Subamos.- Me alerta Hanna.

Nos sentemos a primera fila, yo en el lado izquierdo y ella en el derecho del “tren”. Entonces pensé en el maldito momento en el que acepté subirme. -Ah, ukecita... ando algo asustada...- Le dije bien nerviosa. Pues si bien, todo el mundo tiene sus propios miedos y temores.

-¡No pasa nada!- Dijo en un intento de animarme, aunque me sabía más a que intentaba convencerme de que no ocurría nada por sus ganas de subir a aquella atracción.

Al cabo de tres minutos, cuándo la atracción terminó, Hanna se veía algo mareada.
-Buah... qué ganas de vomitar...- Dijo mientras se tapaba la boca con la mano. -Pero tengo hambre, comamos algo para merendar... ¡Ya son las 7!.-

-¿Tu también te encuentras mal?- Le dije, también algo mareada. -Claro, vayamos a comer algo, de mientras podríamos subir a la noria y comer allí, ¿no?- Pensé que sería buena idea, ya que las cabinas de las norias están cerradas y no hace frío.

-Es que en la noria nos e puede comer, y el recorrido dura 20 minutos. ¿Por qué no comemos algún pastel antes de subir, y luego vamos?- Me dice sonriendo tímidamente.

-Claro.- Le asentí, llevándola hacia un bar que había cerca, donde vendían pasteles y toda clase de dulces. -Escoge el que más te guste, invito yo.- Le sonreí tranquilamente.

-Gracias.- Me agradeció mientras hacía su pedido. -Un Mil hojas y una Fanta por favor.- Me quedé embelesada mirando su rostro.

El camarero me llamó la atención varias veces, entonces Hanna intervino.
-¿Reira-san?- En ese momento desperté.

-¿Eh?, lo siento. Yo pediré un pastel de nata y trufa y un zumo de piña, por favor.- Le pido algo avergonzada.

Cuándo el pedido llega empezamos a comer.
-¡Qué bueno está el pastel!- Entonces se atraganta y bebe un poco de zumo. -¡Por poco pensé que iba a morir!- Yo me reí de su inocente acción.

-Hanna, come despacio, el día no se acabará porque comas tranquila. Entonces agarro su zumo y le doy un sorbo. Luego agarro el tenedor, corto un pedacito de pastel y me lo como.

-¡Qué bueno!- Exclamé sonrojada del gusto.

-¡Eh, mi zumo y mi pastel!. No se vale.- Dijo haciendo morros, con exagerado enfado. Como una niña pequeña.

-No seas egoísta.- Entonces le cedí un trozo de mi pastel. - Vamos a compartir.- Alzo mi brazo y le hago llegar el pedacito a su boca. -Ya verás qué bueno está mi pastel.-

-Bueno...- Hanna abre la boca y cierra los ojos.

-¿Nee, te gusta?- Le dije, aún con la boca manchada de nata.

-¡Sí, está muy bueno!- Grita emocionada. -¡Quiero más!-

Entonces, sacandole la lengua en forma de burla, corto un trozo de mi pastel y me lo meto en la boca. Después me acerco a Hanna y la beso. Al cabo de unos segundos le digo.

-Así está más bueno, ¿no crees?- En aquél momento toda la gente del local se nos quedó mirando.

-Sí, pero... es mejor que no hagas este tipo de cosas en publico, espera un poco.- Rápidamente me besa y me aparta un poco volviendo a su pastel.-

Ella en verdad es demasiado vergonzosa, y no se si será por eso mismo que amo sonrojarla.

-No te sonrojes, ¿es que a caso la gente nunca ha hecho este tipo de cosas con su pareja?- Me siento en mi silla y terminamos nuestra comida.

Al cabo del rato, nos dirigimos hacia la noria. -Pensaba que habría más cola, la verdad... Esto es bueno.- Dije toda animada ya que odiaba demasiado esperar.

-Si, también pensaba que tendríamos que esperar una eternidad.- Entonces se mete dentro de una de las cabinas, tras ella me meto yo.- Siempre quise subir a una noria, es genial.- Dijo sonriendo y mirando al horizonte.

-Me alegra que te guste, pero nunca pensé que esta fuera tu primera vez...- Me extrañé.

Nos sentemos cada una a un lado de la noria. -La vista es preciosa, ¿verdad?- Le dije observándola.

-Sí, es genial. Me encantan las alturas. Desde aquí todo es precioso.- Su mirada perdida en el paisaje casi nocturno de la ciudad me hacía sentir nostálgica.

Cuándo llegamos casi arriba del todo, la noria siempre se queda parada unos tres minutos, como nunca se llena todos permanecemos en la parte más alta. -Onee-chan... ¿sabes qué pensé?- Le dije mientras me sentaba insinuosamente a su lado.

-Dime.- Responde concentrada en el oscuro paisaje.

Le agarro el rostro con la mano derecha delicadamente, y luego la beso. -Adivina.-

-No pensarás en...- Dice mientras se sonroja.

-Claro que sí.- Le aclaro, mientras la agarro y la hecho con cuidado en el suelo. Los asientos eran demasiado estrechos e incómodos. -Nos da tempo de sobra.- Le desabrocho la camisa y le subo la falda.

-T-te dije que tuvieras paciencia hasta esta noche, ¿ya no lo recuerdas?- Entonces intentó colocarse la falda. -Puedo besarte en la boca y darte cuántos besos quieras, pero aguarda tus ansias de hacerlo...- Entonces me besa y poco a poco se levanta.

-¿No te da morbo? Nadie nos verá.- Insisto, y la hecho en el suelo, desnudandola. Le quito la ropa interior y le toco las partes que más excitan a mi Uke. -Te prometo que no te arrepentirás.- Le susurro al oído mientras la beso y toqueteo.-

-P-pero...- Se pone a temblar mientras intenta ponerse seria. -Entonces, esta noche te quedas sin nada... estás adelantando las cosas y... te dije que tenía un plan especial para esta noche.- Ella mira hacia otro lado. Aquella inocente expresividad que poseía me hacía imposible parar aquellas aberraciones.

-Ukecita, esta noche haremos lo que desees, pero ahora vamos a hacer lo que yo diga.- Entonces seguí con mi juego.

-N-no nos da tiempo... seremos descubiertas...- Insistía para que dejara de mancillar su cuerpo.

-No cariño, no seremos descubiertas.- Le susurro cariñosamente mientras ensalivo mis dedos y los introduzco dentro suya.

Puedo observar como ella arquea su espalda de placer, mientras sigo retorciendo y removiendo mis dedos dentro suya. Entonces empieza a gemir cada vez más fuerte. Su cuerpo estaba temblando y ella no paraba de hacer ruidos extraños pero muy excitantes.

-Esa es mi Ukecita.- Le dije toda satisfecha por las reacciones de su cuerpo, y con una sonrisa de oreja a oreja mientras empezaba a lamer su clítoris. -Esta noche disfrutarás más que esto.- Le aclaro mientras empiezo a lamerse y a mordisquearle los pezones.

-P-para.. queda poco para que lleguemos abajo... deja que em arregle la ropa y el cabello antes de salir...- Se resistía con miedo a ser descubierta.

Pero yo seguía masturbando a mi Ukecita. -No te soltaré hasta que termines. -Entonces lamé sus partes con más delicadeza mientras seguía moviendo los dedos dentro suya.

Al final Hanna soltó un fuerte gemido y me rodeó con sus brazos. De todos los orgasmos que había tenido junto a mi, ese fue el que mayor gemido tuvo.

-Esa es mi niña.- Le dije susurrandole en la oreja, y rápidamente despegandome de ella de inmediato. -Vamos, vistete o alguien más que yo te verá desnuda.- Le reproché, aveces podía ser realmente fría con ella, sin darme cuenta.

Ella se levantó rápidamente, se subió la ropa interior y se arregló la falda. Luego se intentó abrochar la camisa, pero era incapaz.

-Aah... mi ukecita, eres bastante torpe.- Agarré la camisa y tranquilamente se la abroché. Luego me di cuenta de que el sujetador estaba en el suelo y lo escondí dentro de mi bolso sin que ella se diera cuenta.-

Bajemos, ya hemos terminado.

-S-sí...- Asiente mientras se arregla un poco el pelo y me agarra la mano.

Cuándo nos alejamos del lugar, mirando a mi ukecita de reojo le digo... -Lindos pechos.- Después no despego la vista de aquél precioso “paisaje”.

Ella se mira los pechos y se da cuenta de lo que ocurrió, entonces se tapa los pechos con un brazo y con la mano libre rebusca su chaqueta en su bolso y se la pone.
-Me haces pasar por cosas vergonzosas... ¿no decías que no querías que nadie me viera desnuda?. Mis pechos se transparentan por encima de la camisa...- Se queja.

No pude evitar mirarla con una sonrisa. -Lo sé, pero me agrada avergonzarte.- Entonces agarro a mi uke por la cintura. -Pero no te enfaces, ¿nee?- Y le sonrío dulcemente.

Un momento después le pregunto... -¿Dónde te apetecería ir ahora?-

-No lo sé... escoge tu. No importa el lugar... pero dentro de poco será mi hora de volver a casa... así que tenemos que darnos prisa...- Ella aparta la mirada de mi.

Entonces recordé, que hoy Hanna tenía que ir directamente a casa después de la cita. Pero más tarde volvería, para quedarse a dormir una última noche junto a mi.
Entonces, desconcertada y sin ninguna idea le propongo volver.
-¿No te apetece volver ya a casa?-

-Sí, bueno... quería ayudar a mi madre con algunos dulces nuevos... ella me lo pidió...-

Entonces yo le asentí, esperando que llegara la noche para volverla a ver. Le acaricié la cabeza y le dije...
-Claro, volvamos a casa.-

Cogimos el autobús y fuimos directamente a casa de Hanna. Entonces nos despedimos.
-Nos vemos más tarde.- Le sonreí. -¡Y espero que me dejes probar esos deliciosos dulces!.-

Me fui caminando hacia casa, en ese momento se puso a nevar...

-¿Qué debo hacer ahora, mientras espero a que regrese?- Me acerqué a un parque que había cerca, todo estaba tan oscuro... sólo la tenue luz de algunos farolillos alumbraban las frías calles de la ciudad.

Cerca de aquél parque siempre había alguna que otra tienda abierta las 24 horas. Entre en una de ellas, quise comprar un DVD donde pudiera aprender nuevas “técnicas” para hacer sentir mejor a mi ukecita. Fui a la sección erótica y agarré una película que se titulaba “Cómo hacer de tu pareja una Sirvienta-Esclava”. Sin dudarlo agarré esa película y rápidamente fui hacia casa, para reproducir el excitante DVD.
Cuándo llegué a casa lo reproducí.

Al reproducir el DVD, apareció una oscura habitación con un montón de esclavas vestidas de sirvientas, atadas a la pared y con sus ropas rotas. Los hombres que las esclavizaban eran musculosos y algo robustos, algo que no me agradó demasiado. Uno de ellos agarró a una de las sirvientas y la posó sobre una mesa de piedra, mientras la echaba en ella. Agarró toda clase de juguetes, e introdució un vibrador negro y grueso dentro de su vagina. Después agarró unos vibradores pequeños y los pegó sobre los pezones de la chica, y otro colocó en su clitoris.
La sirvienta gemía y gemía, yo misma me excité de ver aquella escena, y sobretodo pensaba en que algo parecido le iba a hacer a mi ukecita.
Después, el hombre agarró otro vibrador no tan grueso y lo untó de lubricante. Jugó con él en el ano de la chica y después lo introdució bruscamente dentro suyo.
La chica soltó un grito de dolor, mientras lloraba y rogaba que parara. Otros dos hombres se acercaron a ella y uno de ellos introdució su miembro dentro de la boca de la esclava, mientras ella misma frotaba con su mano el miembro del tercer hombre.
En aquél momento dejé de ver la película. No podía soportar el sofoco, sólo pensaba en hacerle aquellas cosas a mi uke, y temblaba de placer.

Al cabo del rato, mi uke llegó. Subió a mi habitación y me dijo...

-Abajo dejé unos pasteles que traje de la pastelería de mi madre.- Ella estaba bien emocionada, pero no sabía lo que le esperaba.

Yo, sin decirle nada, la agarré y la até con unas esposas en la pared. En la pared habían ganchos y me hacían fácil aquello. Ella se quedó arrodillada pero derecha de modo que estaba con las piernas abiertas y los brazos empujando su cuerpo hacia arriba.

-Hoy, nos lo vamos a pasar en grande, mi Ukecita.- En verdad, esa no era yo... Me transformé en algo realmente perverso, pero me divertía demasiado. Entonces le arranqué el vestido de un tirón.

-Esta noche va a ser la mejor que hayas tenido nunca.-
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Capítulo 1.2 - Mi Preciosa Hana (Versión Tachi)

domingo, 30 de enero de 2011

¡Hola!, bueno, les dejo aquí la versión seme del Fan Fic. Recuerden que el fan fic es las dos versiones, no decidan leer solo una de las dos versiones porque las dos forman parte de esto y cada una puede contener cosas que la otra no tiene.



CAPÍTULO 1.2 VERSIÓN REIRA:

Soy Reira Suzuki, una estudiante del instituto Hayanami situado en el centro del distrito de Shibuya, Japón. Desde hace un largo tiempo, cada día observo más detalladamente la vida de mi mejor amiga, Hannako Hiyo. Ella no es muy popular, y tampoco es excelente en los estudios, por lo que en esas dos ramas no destaca mucho. Creo que es un punto a favor mío, ya que en secreto estoy enamorada de ella. Y aunque he tenido varios novios desde que la conozco, nunca me enamoré de verdad más que de ella. No sé si ella sentirá algo por mi... pero algún día la haré mía.

En aquél momento le propuse quedarse a dormir a mi casa, pero ella no hizo caso a mis palabras. Entonces le llamé la atención.

-Hanna-chii, ¿me estás escuchando?- Le pregunté algo molesta, ya que odio que la gente no me escuche.

-¿Eh?, perdona, no estaba atenta, ¿qué me estabas diciendo?- Me preguntó, algo aturdida.

-Eres un caso, Hanna. Te decía que si quieres quedarte a dormir a mi casa hoy y mañana. Así podemos salir por ahí, ahora que ya terminemos todos los exámenes.- Le sonreí.

-Claro, se lo diré a mamá. ¿A la tía no le importará que me quede en vuestra casa?- Ella preguntó eso, a pesar de que las dos sabíamos la respuesta. Me pareció extraño pero lo dejé pasar.

-Sabes que eres como una hija para ella, incluso tienes las llaves de nuestra casa de tantas veces que estás.- Me reí para calmar un poco el ambiente.

-Cierto... bueno, sí. Vale, me quedaré en tu casa. Y, ¿a dónde quieres ir esta noche?- Me preguntó.

-Es una sorpresa. Será nuestro regalo por haber aprobado el curso, ¿te parece?- Le guiñé el ojo.

-Vale, eso lo dejo en tus manos.- Ella me sonrió. Su sonrisa me hizo sonrojar ligeramente.

La campana del instituto sonó, las siguientes clases eran Matemáticas y Ciencias, en verdad odiaba esas dos materias... pero estaba emocionada por lo que esta noche pudiera ocurrir, así que entre mis pensamientos las clases no se hicieron tan duras.

Nuestros asientos están tan lejos... ella se sienta en la misma fila que yo, pero justo en la otra punta de la clase... al lado de la ventana. Miré hacia la pared intentando distraerme un rato de aquél aburrido momento. Me giré hacia ella, estaba tan bonita distraída mirando el cielo azul por la ventana...
Primero de bachillerato era realmente aburrido, a pesar de su complicidad, ya que cada dos por tres nos ponían trabajos y exámenes. Mi vida es bastante monótona, suelo estar siempre en mi mundo, donde Hiyo es mía, y donde puedo abrazarla cada noche en mi cama, mientras nuestros cuerpos se funden en uno solo... Quizá piensen que soy algo extraña ya que a pesar de ser popular no soy muy sociable, hablo con la gente lo justo... más bien son ellos los que me rodean. Mi forma de ser es algo fría, más mis extraños pensamientos que nadie conoce... pero cuando ella se acerca... cuándo ella me habla... mi mundo se vuelve de color rosa. Puede sonar algo cursi, pero eso es lo que siento... la felicidad vuelve a mí, aún cuándo segundos antes pudiera estar casi exhausta de la profunda tristeza que a veces llega a padecer mi corazón. Mi carácter es tranquilo, y mis pensamientos suelen ser depresivos, o sobre mi hana... (Juego de palabras, “Hana” con una “n”, significa flor en japonés y “Hannako” es su nombre).
Siempre le explico las cosas que ella no entiende de alguna asignatura, desde el primer momento en que me pidió ayuda, me juré que estudiaría plenamente para poder darle clases a mi amada... y así tener otra de las tantas escusas para estar a su lado... Creo que ella podría estudiar perfectamente sola, siempre ha sido buena estudiante aunque no fuera de élite, sin embargo no me preocupo mucho por eso... porque así en aquellas cortas horas puedo tomar su completa atención.

De nuevo la campana del instituto sonó anunciando el final de las clases, las horas se me habían pasado realmente rápido, sin apenas hacer nada. Ordené mis cosas y las coloqué dentro de mi mochila. Unas amigas de otra clase se acercaron a mí y empecemos a conversar.

-Mira, ayer me compré este juego nuevo.- Me dijo Erika, un año mayor que yo, y viciada a los videojuegos.

-¡Ya me dejarás jugar!- Le dije sonriendo.

Otra de mis amigas me explicó algo que le había ocurrido, ya que entre nosotras nos explicábamos toda clase de sucesos.

-¿Sabes, Rei-chan?- Me preguntó. -Estoy saliendo con Ikuto-kun, el chico más popular de todo el instituto.- Dijo sonrojada Aki, un año inferior a mí.

En ese momento me alegré por ella, y se lo hice saber. Pero sólo podía pensar en la mala suerte que yo tenía por no tener esa misma relación con Hanna... En cierto modo mucha gente se reunía siempre alrededor mía por su admiración hacia mí, así que tenía pocos amigos de verdad, solamente Erika, Aki y mi preciosa Hana.
Me despedí de ellas y me dirigí a las taquillas, para cambiarme de zapatos, ya que los del instituto y los de la calle son distintos. Entonces me giré y vi a Hanna, nuestras taquillas también estaban muy separadas. Decidí llamar su atención:

-¡Hanna-chii!- Grité. Ella no hizo caso, pensé que quizá no me había escuchado, así que me acerqué a ella.

-Te llamo y no me contestas, ¡mala!- Le dije haciendo pucheros y saltando sobre ella. Entonces le apreté los mofletes con los dedos. -¿Vamos a la pastelería-cafetería?. Me apetece comer los dulces de la tía, son mi vicio últimamente.- Le dije sonriendo.

-Claro, así le diré a mamá que me quedo a tu casa.- Ella también me sonrió.

Fuimos hacia la pastelería de su madre, mientras hablábamos de las tonterías de cada día. Cuándo por fin llegamos, ella saludó a sus padres, me acerqué a ellos y también los saludé.

-¿Mamá, me puedes traer dos pastelitos y unos tés?- Le preguntó Hanna.

-Claro cariño, tú misma escoge los que más te gusten, y ahí tienes la tetera, sírvete. Ahora no estoy disponible, hay bastantes clientes que atender.- Sonrió, y luego se fue.

-Vale mamá, no hay problema.- Contestó Hanna, luego agarró dos pasteles y unas tazas de té, y las colocó en la mesa. Seguidamente fue por el té y lo sirvió.

-Gracias.- Le agradecí a Hanna con una sonrisa.

Cuando terminamos de tomar la merienda Hanna fue a decirle a su madre que se quedaría en mi casa, y ella asintió a buenas y le dio 30€ para sus propios gastos. Después de despedirnos fuimos a mi casa, donde estuvimos un rato jugando al Dance Factory, y al Sing Star. Ella se veía muy feliz...
Pronto se hizo de noche y mis padres no tardarían en llegar. Entonces la puerta de la entrada se abrió, eran ellos. Empezamos a cenar, y entonces le pedí a Hanna que subiera antes a la habitación, quería hablar a solas con mis padres.

-Mamá, papá.- Les llamé la atención. -Esta noche me gustaría ir a un lugar especial con Hanna, ya que las dos aprobemos los exámenes y le quise hacer esta sorpresa.- Les intenté convencer.

-¿Y donde vais a ir, cariño?- Me preguntó algo preocupada.

-A la discoteca nueva que abrieron.- Dije algo angustiada por su respuesta.

Mi madre asintió algo preocupada, pero mi padre se negó rotundamente.

-No dejaré que mi preciosa niña se vaya de fiesta con una amiga a un lugar tan peligroso.-

Mi padre me hizo hacer pucheros, a pesar de ser tan fuerte no me gustaba para nada que me llevaran la contraria de esta forma. Pero mi madre intervino.

-Cariño, déjala salir. Es una ocasión especial, y nunca ha ido a ningún lugar.- Le reprochó.

Entonces mi padre no tuvo más remedio que aceptar.

-De acuerdo, pero volver pronto.-

Gracias a mi madre, esta noche podría salir con ella. Nuestra noche especial aún estaba por comenzar.

Fui hacia mi habitación, entré y me encontré a Hanna sobre la cama, entonces salté sobre ella y la comencé a desnudar.

-¿Qué haces?.- Me preguntó, notoriamente sonrojada.

-¿No lo ves?.- Le reproché, disfrutando de la situación. Ya que podía tocarla sin que nada fuera sospechoso. -Te estoy desvistiendo. Te dejaré algo de ropa, más o menos usas mi talla así que te valdrá.-

Cuando terminé de vestirla ella estaba preciosa... aquél vestido ajustado y sin tirantes marcaba su figura espectacular, y se veía tan preciosa y radiante como el sol. Ella fue a mirarse en el espejo, aquél maquillaje con el que pinté su rostro le favorecía mucho.
Yo ya estaba arreglada, usé un vestido a contraste con ella, de color blanco y de una sola tira.

-¿Para qué nos vestimos así? - Me preguntó algo desconcertada.

-Para la ocasión.- Le respondí intentando no decir más de la cuenta.

-¿A dónde vamos? - Siguió preguntando, esperando una respuesta coherente.

-Lo verás cuándo lleguemos.- Insistí.

La arrastré fuera de casa y me la llevé en taxi hasta el lugar. El ruido de la discoteca era muy penetrante. Entremos sin problemas, adentro el estruendo de la música aún era más ensordecedor. Estaba emocionada porque quería que Hanna se lo pasara bien, y deseaba que ella se animara como yo lo estaba. Le sonreí muy contenta, le agarré de la mano y la llevé hasta la barra.

-¿Qué queréis tomar?- Preguntó el camarero gritando, que apenas escuchemos su voz.

-Unos chupitos.- grité.

-¿De qué? - Preguntó nuevamente le camarero.

-De lo que tú elijas.- Le dije, no importándome ese pequeño detalle.

Ella parecía divertirse, aunque seguía algo tímida. Un minuto después nos sirvió el pedido.

-¿Quieres que beba eso?.- Preguntó Hanna, con esa pura inocencia.

-¿No está claro?, venga, bébelo conmigo.- Le puse ojitos, sabía que no se podía resistir a ellos.

Nos tomamos la bebida, en verdad me gustaba demasiado ese fuerte sabor, así que pedí más. Luego me di cuenta de que ella estaba un poco sobria así que dejé de beber y la incité a bailar. Luego, unos chicos me invitaron a un baile, y de lo animada que estuve no pensé en nada y le dije a Hanna que fuera a buscar otra pareja de baile.
Aquellos chicos en verdad estaban animados, nuestros cuerpos se rozaban, y nuestros pasos se unían al son de la música. Dos hombres y una mujer... algo de lo que quizá tarde me di cuenta. Cuándo la canción acabó abandoné a aquellos dos barones y me acerqué a la barra, donde estaba Hanna, profundamente dormida. La agarré y le la llevé del lugar, entonces arrepentida, le susurré...

-Lo siento Hanna, no pensé en ti esta vez.-

La llevé a un motel, la eché en la cama de la habitación que alquilé y me subí encima suyo. Entonces la llamé para intentar despertarla.

-¿Hanna-chii?- Pero ella no despertaba.

De nuevo intenté despertarla.

-¿Tienes ganas de jugar?- Entonces ella abrió los ojos.

La até con unos trapos a la cama y la besé mientras la desnudaba. Le desabroché el sujetador y comencé a masajearle los pechos. Le sonreí y luego le lamí los pezones.

-U.uhh...- Ella ligeramente gimió, sus gemidos eran tan... excitantes. -M-mis pezones...- Enrojeció, en ese momento supe que no podía parar.

Con una de las manos le bajé las braguitas, entonces alcé la cabeza para ver su rostro y le dije...

-Mi niña, ¿Qué quieres que te haga?, tienes que escoger.-

-Y-yo...- Desvió su mirada hacia la ventana. - Qu-quiero ser tuya...- Se puso más colorada de lo que estaba, era demasiado hermosa...

En la mesita de la habitación había una vela roja, la encendí y comencé a echarle a mi Hana la cera líquida por encima de sus pechos.

-Hanna-chan.- Le dije con una lujuriosa voz. -¿Te gusta esto? - Sonreí descaradamente.

-¿Qu-qué haces?, ¿¡Qué haces con esa cera!?- Gritó impactada. Sabía que reaccionaría así, pero esa noche era especial... esa noche sería la primera vez que la haría mía.

-¿No lo ves?, me estoy divirtiendo.- Le aclaré con una maliciosa sonrisa.

-Bueno... confiaré en ti...- Ella cerró los ojos, pero por más asustada que estuviera no iba a parar, tampoco iba a dañarla.

Le lamí los labios y la besé. Ella me devolvió el beso. Entonces bajé la mano hacia las partes de Hanna. Ella gemía, y hacía unos sonidos tan excitantes que hacían que no pudiera contener mis ganas de poseerla.
Entonces me di cuenta de que su orificio ya estaba preparado, así que le hice saber.

-Nee, pronto estarás lista para que entre con “eso” dentro de ti.- Sonreí.

-¿Qué cosa?, ¿A qué te refieres!?.- Dijo paralizada. En verdad dramatizaba mucho, pero eso era una de las cosas que más me gustaban de ella.

-Esta “cosa”.- Le dije, mientras la rebuscaba en mi bolso. Encontré el consolador negro y se lo mostré. -Lo compré especialmente para ti. Prepárate.-

La agarré de las piernas y las abrí, luego introducí el consolador lentamente en Hanna, después lo hundí del todo. Ella soltó un excitante gemido, y yo satisfecha reí.

-Nee, ¿te gusta?.- Le pregunté mientras lo movía dentro suyo. Ella no paraba de gemir, entre más gemía más ganas me daban de seguir y seguir moviéndolo rápido.

-¡¡K-kyaaahh!! ¡Eso es demasiado grande, no!.- Se quejó exhausta. -¡L-los trapos me hacen un poco de daño en las muñecas, y la cera molesta en mis pechos!. ¡Esto es extraño!- Dijo finalmente.

-Hanna-chan... esto, es solo el principio.- Empecé a reír, sabiendo lo mucho que las dos lo estaban disfrutando.

Volví a rebuscar en mi bolso, entonces saqué unas manillas y la até en la cama quitándole los trapos, pensando que quizá así le dolería menos.

-Ahora cambiaré de objeto.- Le aclaré.

Rebusqué de nuevo en el bolso, y saqué unos mini-vibradores eléctricos. Me desprendí del consolador e introducí uno de los mini-vibradores dentro de la vagina de Hanna, y el otro lo coloqué sobre su clítoris. Ella gemía y se estremecía. Un rato después de observar sus reacciones decidí cambiar de lugar los objetos y los coloqué en sus pezones, que rápidamente se tornaron duros.

-¿Te gusta esto, nee?, ¿te gusta?.- Le dije algo impaciente.

Recorrí todo su cuerpo con mis dedos, notaba como se le erizaba la piel, se estremecía con tan ligeros toques, y yo disfrutaba viéndolo y sintiéndolo.
Le comencé a lamer el clítoris, ella se estremecía sin poder controlarse. Entonces introducí dos de mis dedos dentro de Hanna. Los sofocos eran cada vez más fuertes y sus gemidos eran imparables.

-Reira... no quiero sentirme bien sólo yo...- Dijo repentinamente entonces.

Yo paré, y le pregunté...

-¿Y qué propones? - Mientras lamía su vientre sensualmente.

Con las manos le aparté la cera de su cuerpo, estaba pegada pero me excitaba aquella manual “tarea”. Cuándo limpié la zona de aquél rojizo y pegajoso material, le empecé a lamer lentamente los pezones, y a mordisquearlos. Era casi imposible... pero sus pezones se ponían aún más duros de lo que ya estaban. Estaba extasiado de poder sentir aquellas maravillas del cuerpo de su amada. Entonces le solté las manillas y me coloqué a cuatro patas sobre ella. Mi rostro estaba sobre su vagina, y el suyo bajo la mía. Ella empezó a lamer mi clítoris, luego introdujo su lengua dentro de mi orificio y la movió. Yo, sin poder controlarme empecé a gemir y a estremecerme, estaba realmente excitada.

-Nee... lo haces muy bien... ¿Dónde aprendiste?.- Le pregunté sofocadamente.

Entonces ella sacó su lengua de mi agujero y dijo...

-En verdad nunca lo hice, tan solo sigo mi instinto y hago lo que creo.- Entonces siguió con lo suyo.
Los dedos que introdujo dentro de mi vagina hicieron que casi me corriera, pero aguanté, no quise hacerlo antes que mi amada. Me lamía mientras movía más y más rápidamente sus dedos y su lengua. Metió los dedos hasta el fondo y los movió haciendo círculos, yo lamía su clítoris delicada pero rápidamente. Le introduje dos de mis dedos en su orificio y empecé a moverlos de arriba abajo y en círculos.
Finalmente lo dije...

-Hanna... ¡M-me vengo...!.- Dije, sin dejar de moverme.

-Y-yo también estoy a punto...- Aclaró entre sofocos.

Entonces solté un enorme y largo gemido, y me corrí en su boca.

-Lo... lo siento...- Me disculpé algo enrojecida. Al final terminé antes que ella, pero no dejé de mover mis dedos dentro suya...

-N-no pasa nada.- Dijo mientras se tragaba el transparente pero viscoso líquido que salió de mi vagina.

-Gracias.- Le respondí sonrojada.

En aquél momento ella se sonrojó, y empecé a lamer el líquido que salió de su clítoris, intentando lamer cada gota que derramaba.

-Hanna-chii... Está rico.- Le dije lamiéndome los labios.

Ella me sonrió. Estaba muy cansada, así que se acabó durmiendo segundos después.


A la mañana siguiente no pude creer lo que había ocurrido. La noche anterior acabé teniendo sexo con mi preciosa amada... Me giré y miré su rostro dormido, ella era preciosa... Era inmensamente feliz, esa era la situación con la que siempre soñé.
Ella se despertó, la miré y le sonreí. Entonces le di los buenos días.

-Buenos días, Hanna-chii. ¿Has dormido bien después de “aquello”?.- Me apoyé en una mano, mientras me acomodaba en la cama.

¿En verdad esto era real?, no podía creer que ella estuviera ahí... sólo para mi... sólo mía...
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