Me besó la frente, y con una sonrisa se levantó y vistió. Me quedé tendida en la cama, me dolía el trasero… No me podía creer nada de lo ocurrido, seguía embobada y avergonzada por lo pasado en la noche, encima yo estaba…ebria… Intenté recordar un poco lo ocurrido, pero era casi imposible…
-Hanna-chii, ya puedes bajar a comer!- gritó. Me levanté, con dificultades, y me puse una camisa.
Acabé de comer, estaba llena sin haber comido demasiado.
-¿Dónde has pensado en ir hoy?- me preguntó, expectativa.
-Aún no lo sé.- respondí, con timidez.
Era incapaz de mirarla a la cara, y aún menos de hablarle. Estaba muy aturdida.
-Ahora tengo que irme, volveré en la tarde, así que tienes unas tres horas para pensar.- me explicó.
-¿Dónde vas?- le pregunté, desconcertada. Tenía miedo de que se fuera después de haber pasado la noche conmigo, estaba muy asustada.
-Hoy sábado, es mi turno de cuidar a la mascota de la clase. El conejo Pompon.- me dijo, muy emocionada, como una niña pequeña (algo extraño en su apariencia refinada). Pero sabía cuánto le gustaban los animales y el comportamiento que esto le suponía a ella.
Asentí, un poco más tranquila, se fue de a casa. Me fui de nuevo a cuarto, caminando medio coja, apoyada en la pared. Me caí encima de la cama, bocabajo. Enrojecí enseguida, al volver unas imágenes borrosas en mi cabeza.
Comencé a acariciar la sábana, al darme cuenta, me di la vuelta, pero me hice daño yo sola, tenía un enorme dolor en el trasero. Cerré los ojos, con fuerza. No me podía creer nada de lo sucedido, era imposible que yo… con ella… No, no podía estar pasando… pero… ella estaba a mi lado, y su manera de tratarme… definitivamente, cambió un poco. Me tapé la cara.
Luego, después de tranquilizarme un poco, recordé que mis papás necesitaban un poco de ayuda económica… Recientemente los clientes de la pastelería habían disminuido considerablemente… Hace unos días que había hecho mi currículum, pero aún no estaba del todo convencida, pero después de saber que no perdería a Reira...Me decidí. Me vestí, con un poco de dificultad, y me fui de casa de Reira-san. Ya en mi casa me hice unas pocas copias de mi currículum.
Recordé que tenía que decidir un plan para esa tarde, me mordí la uña. Según mis datos, las parejas normales iban al cine, parque de atracciones, zoos… pensé en las dos primeras opciones, el zoo era muy infantil. La llamé.
-¿Moshi, moshi?- preguntó.
-Hola, Reira-san, soy Hanna. Te llamaba para decirte que ya pensé el plan para esta tarde.- dije, con emoción, ya que habían abierto un nuevo parque de atracciones por ahí cerca.
-Ah, bien. Y dime… ¿Cuál es?- me preguntó, notoriamente curiosa.
-Había pensado en ir al cine, y luego al parque de atracciones nuevo que han montado. ¡Me han dicho que es genial! ¿Qué te parece?- comenzaba a emocionarme.
-Oh, justamente tenía ganas de visitar el nuevo parque. Con gusto iré.- ella también parecía emocionada.
-¡Vaya, genial! Pues… ¿Qué película te apetece ver? Escoge tú.- estaba indecisa, no sabía que tipo de películas se veían en la primera cita.
-Ah, pues… una de amor… ¿Yaoi? Esto…Boys Love?- parecía avergonzada, su voz se sentía algo temblorosa.
-B-bueno… por mí no hay problema…- eso me decepcionó. No creía que en las primeras citas se fueran a ver ese tipo de películas.
-¿O prefieres ver una de miedo?- me propuso. Eso me hizo más ilusión, aunque era muy asustadiza, eso me daba una excusa para poder abrazar a Reira-san en algún momento de la película.
-Es que… da miedo…- le dije, avergonzada.
-Amor… si no diera miedo no sería una película de terror.- me dijo, burlona.- Eres una cobarde.- Insistió.
-Sí ya lo sabes… No hace falta decir más…- me ofendí. Ella sabía cuan asustadiza era yo.
-No seas grosera, te estaba provocando para que aceptaras.- me aclaró. Me gustaría saber qué pensaba de mí.
-Bueno… escoge tú… mientras sea contigo, no me importa la película que sea…- que infantil y tonto había sonado eso. Me puse roja yo sola.
-Aah… qué interés pones… Bueno, pues, ¿qué te parece “Japanese Horror Antology 3”?- me propuso. No sabía ni cual era.
-B-bueno… vale… entonces, ¿nos vemos delante del cine a las 5?- intenté evadir las imágenes que venían a mi cabeza sobre la película.
-Claro.- me contestó.
-Bien…- esperé a que me colgara.
En cuanto colgó, me duché. Me puse a arreglar lo máximo posible, quizás demasiado. Me puse una camisa y una minifalda, junto a unas botas con tacón.
Me peiné mi largo pelo, lo malo que tenía mi pelo era eso, demasiado largo, pero me encantaba. Miré el reloj, aún faltaba media hora, pero yo era muy puntual. Así que decidí ir tirando. Al llegar miré el reloj, faltaba un cuarto de hora. Me fui al baño y me quedé mirándome todo el rato, o quería que se moviera ni un pelo, quería estar radiante para Reira-san. Salí cuando faltaban 5 minutos para la hora prevista. Pasado 10 minutos, apareció Reira-san, yo ya estaba de los nervios.
Me peiné mi largo pelo, lo malo que tenía mi pelo era eso, demasiado largo, pero me encantaba. Miré el reloj, aún faltaba media hora, pero yo era muy puntual. Así que decidí ir tirando. Al llegar miré el reloj, faltaba un cuarto de hora. Me fui al baño y me quedé mirándome todo el rato, o quería que se moviera ni un pelo, quería estar radiante para Reira-san. Salí cuando faltaban 5 minutos para la hora prevista. Pasado 10 minutos, apareció Reira-san, yo ya estaba de los nervios.
-Hola cariño, ¿has esperado mucho? Lo siento…- se disculpó.
-N-no… en verdad acabo de llegar, pensaba que llegaría tarde.- mentí, y creo que lo hice bastante mal.
-Ooh, está bien.- asintió, no muy convencida.
Me cogió de la mano y me arrastró hasta dentro del cine y me sentó en la última fila de la sala, de espalda a la pared. Se sentó a mi derecha. Las luces se apagaron. Comencé a sentir miedo enseguida, se notaba lo miedosa que era, me avergonzaba de mi misma. Me coloqué la mano izquierda delante de mi boba, hecha un puño, la otra, en un puño también, encima de mi pierna. De repente sentí algo a mi espalda, di un pequeño salto, me giré lentamente hacia el sitio de donde venía, y vi que era Reira-san, que tenía su brazo detrás de mí, eso me tranquilizó.
-Quizá me pasé un poco trayéndote aquí… Si quieres podemos irnos.- me dijo, susurrando. Ahora tenía la intriga de ver esa película.
-No… estoy bien. Es sólo que… me asusta un poco, pero no pasa nada, puedo aguantarlo…- sentía vergüenza, pero también muy asustada.
-Bien…- no parecía muy convencida. Me besó la frente, y me abrazó. Eso me reconfortó.
Estaba muy concentrada en la película, aunque me daba real pánico lo que pudiera suceder. Temblaba un poco, pero no me preocupé por ello. Alguien me tapó los ojos, eso me sobresaltó.
-No te preocupes, no es necesario que veas la película… podemos hacer otras cosas…- me dijo, su voz resonaba en mi cabeza.
-No pasa nada, de verdad que estoy bien. Además, no hay nada que podamos hacer aquí dentro.- no entendía a qué se refería con esas palabras, no podíamos hacer nada más que ver aquella película.
Se bajó de la silla, eso me desconcertó un poco, se puso delante de mí. No había mucho espacio, así que tuve que abrir mis piernas para que ella cupiera. Me levantó la camisa, enrojecí. Recé porque no hiciera nada pervertido. Sabía que mis súplicas no serían escuchadas.
-¡No!- grité en medio de un susurro.- No podemos hacer esto aquí, hay más gente, y el vigilante se pasea de vez en cuando por aquí….- intenté poner excusas, tenía un buen motivo para hacerlo…- No podemos hacerlo. Espera un poco, ¿vale? Te prometo que lo haremos, pero no aquí.- mentí. Intenté apartarla de entre mis piernas, pues me estaba excitando y no quería que lo notara.
-Hace tiempo, cuando era pequeña, vi una pareja hacer lo mismo. Yo era muy cotilla, así que es normal que me diera cuenta de aquellos sucesos. La Uke también reprochaba, pero luego se inundó de placer y nadie más los vio.- aquel intento por convencerme no daría sus frutos.- Lo que quiero decir, es que siempre puede haber una posibilidad de que nos puedan pillar, pero da morbo estar en un lugar con mucha gente y que nadie se dé cuenta de lo que tratas de hacer.- Seguía pensando lo mismo, mi decisión seguía siendo un “No” rotundo.- Y no tiene importancia si el vigilante nos ve, estoy segura de que le gustará.- en ese momento enrojecí por completo, por suerte, la oscuridad de la sala no mostraba mi rostro. De repente volví a notar su mano en mis partes. Me levantó el sujetador, y me lamió los pezones.
Comencé a gemir descontroladamente, pero me tapé la boca, para no emitir sonido alguno.
-A-ah… no podemos… por mucho morbo que de… es sucio… en un lugar como este…- eran las manos de Reira-san las que me tocaban, eso me hacía enloqueces, mi cuerpo se estremecía con cada roce de su piel contra la mía. Pero debía parar todo aquello. Aquello no era lo que yo quería, yo no lo deseaba así…
-Será sucio, pero es divertido.- me dijo, sin dejar de tocar mi cuerpo. Me subió la falda y me frotó con delicadeza. Mi espalda se arqueó, no podía contenerme mucho más, tenía que parar eso lo antes posible.
-¡N-no! No toques ahí… Reira-san… espera un poco más… luego haré lo que quieras, pero espera…- intenté persuadirla, avergonzada.
-No, no esperaré, no puedo…- se negó, me quedé de piedra. No solía ser tan cabezona ni tan fría conmigo.- No, más bien, no quiero esperar.- me cogió de las piernas y me tiró un poco de ellas, haciendo que mi cuerpo bajara. Me quitó las braguitas, me avergoncé, luego, comenzó a lamer mi clítoris.
-¡Kyah!- se me escapó un grito sordo, me tapé la boca, para dejar de hacer ruidos extraños.
-Ukecita mía, no grites. No querrás que todo el mundo sepa de esto, ¿verdad?- me sonrió, pero en ningún momento dejó de masajear mis partes.
Luego los metió dentro mío, eso fue doloroso, dolía mucho, pero también me excitaba. Esa sensación tan extraña me estaba volviendo loca. Me estremecí sin control, intenté cerrar las piernas, pues no era eso lo que yo deseaba, pero estaba demasiado caliente ya, no aguantaba más, estaba perdiendo el control sobre mí misma.
-M-más…- pedí, sofocada.
-Sabía que no podrías resistirte.- parecía satisfecha. Eso no me pareció bien, ella era demasiado persistente.
Entonces se escuchó un fuerte grito proveniente de la película, me asusté.
-Aah… Creo que al fin y al cabo, con esta película no me concentro.- me dijo, quitando sus dedos de dentro mío y volviendo a su sitio.- Lo siento, no puedo hacer nada de esta forma, me altero y no me excito…- se disculpó (debería haberlo pensado mejor antes de hacer nada)- Pero… si por una vez pudiera ser uke… quizá…- me dijo, con picardía.
-Espera un poco, ¿sí?- intenté evadir sus propuestas, intentando volver en mí.- Espera a que el día termine y haré todo lo que desees.- mentí.
-¿Cómo?- se molestó.- ¿Por qué ahora te niegas, y antes me pedías más y más?- aumentó su tono de voz.
Eso me enfadó. Era culpa suya que me hubiera puesto así, ella era quien me estaba buscando, y cuando me encuentra, va, y vuelve a ser la de siempre, eso no era justo. Quise darle una lección, así que no tuve más opción que hacer que entendiera un poco mi modo de pensar. La besé, a desgana, y luego le fui besando el cuello, cada vez fui bajando más, toqué sus partes con la yema de los dedos. No mostró interés alguno, estaba como… inerte.
-No, de esta forma no quiero que hagas nada.- me entendió. Ya se estaba levantando. Me quedé sorprendida. ¿Se habría enfadado conmigo?
-Espera…- la llamé- ¿Ves cómo no es así como se debe hacer?- a cogí del brazo.- Por eso te decía que aquí no. No tenemos intimidad para hacer todo lo que nos gustaría.- enrojecí al darme cuenta de mis propias palabras.- Así que, espera, y te llevaré a un lugar donde podrás decidir qué hacer y con qué hacerlo.- ni yo misma entendía lo que estaba diciendo, hasta que se me ocurrió una idea, la pega era que esa idea no me fascinaba para nada. Pero sonreí, para darle un poco de credibilidad al asunto. Ya me las apañaría para solucionar ese problema.
-Quería hacerlo aquí porque me gusta el morbo.- me dijo, lujuriosa.- Pensé que tú también disfrutarías de un poco de acción.- puso en su rostro una gran sonrisa.- Pero bueno… está bien… Llévame donde desees.- desistió.
-Bien, cuando terminemos nuestra cita te llevaré.- sonreí, luego tiré un poco de ella, para que se sentara.
-Bien.- parecía descontenta. No quería que ella estuviera así.
La besé, luego la cogí de la mano, avergonzada. Terminamos de ver la película. Después de salir del cine nos fuimos hacia el parque de atracciones.
-No sé dónde queda, tendrás que guiarme tú.-me dijo. Yo tampoco sabía muy bien donde quedaba, recordé más o menos donde estaba orientándome por las tiendas y los distritos, ya que así aparecía en los anuncios del parque de atracciones.
Nos fuimos acercando al parque. Me había costado dios y ayuda encontrar el sitio. Me pierdo con gran facilidad, me suelo poner de los nervios cuando eso me pasa, pero no quería mostrarle esa parte de mí a Reira-san.
-¡Mira, es aquí!- me puse realmente feliz de ver aquel bonito sitio y de haberlo encontrado (todo un logro para mí).
-¡Qué bonito!- Reira se emocionó.- ¿Dónde te apetece subir primero? ¿A la montaña rusa? ¿Al tiovivo? ¿A la noria…?- preguntó.
-¿Montaña rusa?- respondí con otra pregunta.
-¡Bien!- cuando miramos la cola para subir, nos quedamos con la boca abierta. Aquella cola era interminable.- Pero siempre hay mucha cola.- se quejó.
Miré a la entrada, y reconocí una radiante cara. No me lo podía creer, ¿Jae? Me habían dicho que estaba trabajando fuera del pueblo y que era en un parque de atracciones, pero igual me sorprendió. Se me ocurrió una idea.
-Siempre hay una entrada para los Vips…- le guiñé un ojo. Jae era incapaz de decirme que no, siempre acababa cediendo. Decía que era por mi cara de niña (en su época, eso me enfadaba, pero me acostumbré a escucharlo).
Cogí a Reira de la mano y la llevé junto a Jae.
-¡Hola Jae!- lo saludé con la mano, animada.
-Hola Hanna, cuánto tiempo. ¿Qué puedo hacer por ti?- le di dos besos.
-Queríamos subir, es el primer día que venimos. Pero es que… hay tanta cola…- me puse inocente, haciéndole un poco de chantaje emocional, en broma.
-Anda, aprovechada, pasad por aquí. Por detrás de esta puerta. Seguid las escaleras y llegareis al principio de la cola. Es para os ricachones, pero haré una excepción.- Jae me cogió de la cara y me dio un gran beso en la mejilla, lo solía hacer.- Llámame de vez en cuando, enanita, que no sé nada de ti desde hace tiempo.- me dio una palmadita en la espalda mientras sonreía.- Ah, por cierto, soy Jae.- se presentó a Reira.
¡Reira! ¡Me había olvidado de ella! Hacía tanto que no veía a Jae que me había olvidado del mundo… Estaría enfadada conmigo… no le gustaba que la gente la dejara al margen… Intenté remediarlo.
-¡Ah, Reira-san! Él es Jae, un amigo del pueblo de mi abuela. Ha venido a trabajar aquí, nuevas oportunidades… ya sabes.- parecía enfadada…
-Hola, encantada.- su sonrisa se notó falsa, le dio dos besos a mi amigo.
Luego de despedirnos de él, nos fuimos escaleras arriba. Hasta que por fin llegamos.
-¡Bien! Llegamos las primeras con tan solo subir las escaleras.- grité, feliz.
-¡¡Ooh, que emocionante!!- no parecía muy feliz.
Al verla así, sólo se me ocurrió animarla con un ataque de cosquillas. Ella comenzó a reírse, sin poder parar.
-¡Emociónate más!- dije, sin dejar de hacerle cosquillas.
-Sí, ¡bien!- parecía más animada. Eso me alivió y alegró.
-Subamos.- le avisé.
Nos pusieron en primera fila, ella estaba sentada a mi izquierda del vagón. Yo estaba muy emocionada. Nunca había estado en un parque de atracciones, y eso me emocionaba aún más.
-Ah, ukecita… ando algo asustada…- parecía nerviosa.
-¡No pasa nada!- intenté animarla, yo no pensaba echarme atrás, quería subir a la montaña rusa, y ahora hasta estábamos sentadas en los vagones.
Cuando salimos de la atracción me rodaba la cabeza, no sabía ni donde tenía que colocar los pies. Todo me daba vueltas.
-Buah… qué ganas de vomitar…- me tapé la boca, pero eso no quitaba que andaba con hambre, quería comer algo dulce.- Pero tengo hambre, comamos algo para merendar…¡ Ya son las 7!- me sorprendí.
-¿Tú también te encuentras mal?- parecía encontrarse mal. Pero parecía hambrienta, también.- Claro, vayamos a comer algo, de mientras, podríamos subir a la noria y comer allí, ¿no?- se le iluminó el rostro.
-Es que en la noria no se puede comer, y el recorrido dura 20 minutos. ¿Por qué no comemos algún pastel antes de subir, y luego vamos?-le sonreí, con timidez.
-Claro.- contestó. Me llevó a un bar, donde había mucha variedad de pasteles.- Escoge el que más te guste, invito yo.- se ofreció. Me sonrió.
-Gracias.- comencé a pedir.- Un mil hojas y una Fanta, por favor.- le pedí al camarero.
El camarero miró a Reira, para saber lo qué quería tomar.
-¿Reira-san?- le llamé la atención. Volvió en si.
-¿Eh? Lo siento. Yo pediré un pastel de nata y trufa y un zumo de piña, por favor.- pidió tímidamente.
Cuando lo que pedimos llegó, comenzamos a comer. Me encantó el sabor tan dulce de aquel pastel. Pero estaba muy emocionada con subir a la noria, así que comencé a comer rápido.
-¡Qué bueno está este pastel!- me atraganté con un pedazo de pastel y enseguida bebí un poco de zumo.-¡Por poco pensé que iba a morir!- se rió de mi, pero lo pasé por alto.
-Hanna, come despacio, el día no se acabará porque comas tranquila.- de repente cogió mi zumo y se lo comenzó a tomar. Después cogió un pedazo de mi pastel y se lo comió, como si nada. Me enfurruñé.
-¡Qué bueno!- se sonrojó.
-¡Eh! ¡Mi zumo y mi pastel! No se vale.- puse morritos, estaba algo enfadada por robarme mi comida sin pedir permiso.
-No seas egoísta.-cortó un pedazo de su pastel.-Vamos a compartir.-me acercó ese trozo a la boca.- Ya verás que bueno está mi pastel.-sonrió.
-Bueno…- cerré los ojos y abrí la boca, confiada.
-¿Nee, te gusta?-me preguntó.
-¡Sí, está muy bueno!- chillé de pura emoción.- ¡Quiero más!- exigí.
Me sacó la lengua, burlándose de mí. Luego cortó otro pedazo de pastel y se lo comió, parecía que me quisiese dar envidia. Después hizo algo que me paralizó, una cosa que yo nunca abría hecho en público. Se acercó a mí y me besó, me pasó un poco de pastel, era mucho más dulce que antes. Luego se apartó un poco más de mi.
-Así está más bueno, ¿no crees?- seguía un poco paralizada. Miré un poco a mí alrededor, todos nos estaban mirando.
-Sí, pero… Es mejor que no hagas ese tipo de cosas en público, espera un poco.- ya no sabía cómo contener a Reira, estaba irrefrenable. Me sonrojé. La besé, y rápidamente volví a mi merienda. Esperaba que el efecto de ese beso durara, ya que no quería que se descontrolara demasiado pronto… sería demasiado problemático.
-No te sonrojes, ¿es que a caso la gente nunca ha hecho este tipo de cosas con su pareja?- se sentó de nuevo y terminamos de merendar.
Cuando acabamos nos fuimos hacia la noria.
-Pensaba que habría más cola, la verdad…Esto es bueno.- comentó, parecía estar de buen humor, eso me alegraba.
-Sí, también pensaba que tendríamos que esperar una eternidad.- me metí dentro de la cabina, detrás de mí entró Reira. Estaba muy ilusionada.- Siempre quise subir a una noria, ¡es genial!- sonreí, mirando por una de las ventanas.
-Me alegra que te guste, pero nunca pensé que esta fuera tu primera vez.- me dio por pensar mal, me sonrojé, pero intenté esconderlo.
Cada una nos sentamos en un extremo del cubículo.
-La vista es preciosa, ¿verdad?- me comentó.
-Sí, es genial. Me encantan las alturas. Desde aquí todo es precioso.- me encantaba mirar por la ventana. Me encantaban las alturas y las vistas nocturnas.
Lo bueno de la noria es que siempre se paraba en las alturas, dejándonos flotar e imaginar millones de cosas.
-Nee… ¿sabes qué pensé?- se sentó a mi lado, no le di importancia.
-Dime.- estaba absorta en aquella vista tan maravillosa.
-Dime.- estaba absorta en aquella vista tan maravillosa.
Me cogió de la barbilla, me besó.
-Adivina…- su mirada era un libro abierto. Sabía que se me estaba insinuando.
-No pensarás en…- me sonrojé, estaba asustada. No quería eso… tan sólo quería que nuestra “primera vez” conscientes de lo que hacíamos… Quería que fuera todo my romántico…
-Claro que sí.- me respondió. Me fue tumbando en el suelo, lentamente. Estaba demasiado nerviosa…- Nos da tiempo de sobra.- me fue desabrochando la camisa, yo estaba paralizada, no podía mover un solo músculo. Después me subió la falda. Eso ya era demasiado… así no… por favor…
-T-te dije que tuvieras paciencia hasta esta noche, ¿ya no lo recuerdas?- intenté ponerme la falda bien, parar todo aquello…Busqué alguna excusa para parar aquella locura.- Puedo besarte en la boca y darte cuantos besos quieras, pero aguarda tus ansias de hacerlo…- a besé y me levanté, intentando volver a la normalidad.
-¿No te da morbo? Nadie nos verá.- insistió, me volvió a tirar al suelo, volviendo a desnudarme. Me fue quitando la ropa interior. No podía decir que aquello no me gustaba, pero como ya había dicho antes, quería tener una primera vez más romántica, que me quedara grabada en la memoria. Parecía conocer cada centímetro de mi cuerpo, cada milímetro de mi piel…- Te prometo que no te arrepentirás.- me susurró, con esa voz tan femenina que sabía que me dejaba indefensa.
Estaba a punto de derretirme, toda ella me encantaba. Me besó de nuevo y fue tocando cada milímetro de mi piel. Pero tenía que intentar mantener la compostura, tenía que aguardar, al menos un poco más…
-P-pero…-se me entrecortó la voz. Mi cuerpo temblaba con cada roce de su piel con la mía. Endurecí un poco mis facciones, tenía que ponerme un poco más seria.- Entonces… esta noche te quedas sin nada… estás adelantando las cosas y… te dije que tenía un plan especial para esta noche.- lo intenté con una amenaza. Miré para otro lado.
-Ukecita, esta noche haremos lo que desees, pero ahora vamos a hacer lo que yo diga.- siguió como si nada. Eso era demasiado egoísta por su parte. Pero continué intentando frenara, con las pocas energías que me quedaban para ir en contra de la princesa de la escuela…
-N-no nos da tiempo…seremos descubierta.- quería que aquello acabara allí por aquella tarde, pero sabía cuan complicado sería volver a detenerla.
-No cariño, no seremos descubiertas.- me susurró, con voz dulce. Se lamió los dedos, introduciéndolos lentamente dentro de mi cuerpo… Eso ya era demasiado para mí.
Arqueé mi espalda, de puro placer, siguió moviendo incansablemente sus dedos dentro mío. Empecé a gemir, sin poder detener aquellos gritos tan extraños. Cada vez estaba más descontrolada. No podía controlar ni un solo músculo en todo mi cuerpo.
-Esa es mi ukecita.- parecía feliz, pero en ese momento no estaba muy al caso de las reacciones de mi seme. De repente bajó la cabeza y comenzó a lamer mi clítoris. Levantó un poco su cabeza.- Esta noche disfrutarás más que esto…- me sedujo con su voz y su mirar, me tenia embelesada. Luego se dedicó a lamer y mordisquear mis pezones.
-P-para… queda poco para que lleguemos abajo… Deja que me arregle la ropa y el cabello antes de salir…- aún era un poco consciente de lo que hacía.
Pero ella seguía sin hacerme caso.
-No te soltaré hasta que termines.- bajó y lamió mis partes con delicadeza, sin parar de mover sus dentro mío.
No lo podía soportar más, no podía resistir el tremendo chillido que quería soltar, y tan solo lo dejé salir de mi cuerpo. La rodeé con mis brazos, sin poder detenerme. Ya me daba igual todo, tan solo sabía que estaba disfrutando de relaciones íntimas junto a mi amada Reira-san (aún estando en un lugar público).
-Esa es mi niña.- me susurró al oído, se alejó de mí inmediatamente. Vamos, vístete, o alguien más que yo te verá desnuda.- eso sonó realmente frío por su parte.
Enrojecí y bajé la mirada. En seguida me levanté, sin mirarla a los ojos. Me coloqué las braguitas y me coloqué en su sitio la falda. Intenté abrocharme los botones de la camisa, pero era inútil. Los actos de Reira y aquellas duras y frías palabras me hacían temblar.
-Aah… Mi ukecita, eres bastante torpe.- eso me ofendió, aunque en parte tenía razón. Me cogió de la camisa y me acercó un poco a ella, y me abrochó los botones con toda tranquilidad. Me pareció que me olvidaba de algo importante, pero no le di más importancia, ya lo recordaría más tarde.-Bajemos, ya hemos terminado.
-S-sí…- asentí. Me intenté arreglar un poco, aunque me era muy difícil. La cogí de la mano, ella estaba rara. Siempre que la cogía de la mano solía tranquilizarse.
Salimos del parque de atracciones, noté que alguien me miraba, pero no le di más vueltas.
-Lindos pechos.- me dijo. No entendí lo que quiso decirme.
Luego me miré los senos, y me di cuenta de lo que estaba pasando. Me tapé con el brazo izquierdo los senos y con la mano derecha rebusqué en mi bolso, sacando de su interior una chaqueta, después me la puse.
-Me haces pasar por cosas vergonzosas… ¿no decías que no querías que nadie me viera desnuda? Mis pechos se transparentan por encima de la camisa.- me quejé.
Sonrió. Eso me fastidió un poco. Me hacía pasar por cosas realmente vergonzosas...
-Lo sé, pero me agrada avergonzarte.- me cogió por la cintura. Eso me pilló por sorpresa, y solté un pequeño grito de sorpresa, enrojecida y sorprendida.- Pero no te enfades, ¿nee?- cambió su sonrisa pícara por una muy dulce. Después de unos minutos de silencio, habló- ¿Dónde te apetecería ir ahora?
-No lo sé… escoge tú. No me importa el lugar… pero dentro de poco será mi hora de volver a casa… así que tenemos que darnos prisa…- aparté la mirada.
Ya casi no recordaba que había prometido a mi madre que la ayudaría. Pero ya le había prometido que me quedaría a pasar la noche en su casa.
-¿No te apetece volver ya a casa?- preguntó.
-Sí, bueno… Quería ayudar a mi mama con algunos dulces nuevos… ella me lo pidió.- le expliqué.
Ella tan solo asintió. Me acarició la cabeza.
-Claro, volvamos a casa.- me sonrió.
Nos subimos a bus y fuimos hacia casa. Nos despedimos en la entrada.
-Nos vemos más tarde.- me mostró una hermosa sonrisa.- ¡Y espero que me dejes probar esos deliciosos dulces!- dijo, mientras se marchaba.
Entre en mi casa. Ahí estaba mi mamá, en la cocina, preparando todos los utensilios para el trabajo que nos esperaba. Nos pusimos manos a la obra enseguida. Eran costosos de hacer, esos nuevos dulces, pero con tan solo pensar que muchísima gente los podrían disfrutar, le puse mucho más empeño, aunque aquellos eran de prueba. Mi papá estaba comprando más ingredientes para la pastelería, así que no nos podría ayudar, aunque, por lo que me había contado mamá, él ya sabía hacerlos, o al menos, en parte. Fue un trabajo muy laborioso y nos costó bastante que quedaran con muy buena pinta, pero al final quedaron bastante lindos.
Cuando acabé de hacer todos aquellos pastelitos me fui corriendo a la ducha, debía tener un aspecto horrible, no me había mirado desde hacía muchísimas horas. En cuanto acabé de vestir algo cómodo y peinar mi cabello, me fui hasta la cocina. Allí mi mamá ya tenía preparada una bonita cajita con todos los dulces dentro. Era costumbre, Reira y su familia siempre probaban nuestros nuevos dulces y nos daban su opinión, lo llevábamos haciendo muchos años. La agarré y salí de la casa, dirigiéndome hacia la casa de Reira-san. Saqué mi juego de llaves de la casa de Reira y abrí la puerta.
-Con permiso…- dije, entrando y descalzándome.
Subí hasta la habitación de Reira, ya que todas las luces estaban apagadas, menos las de su cuarto. De repente alguien me agarró y me puso unas esposas. Unas lágrimas rodaron por mis mejillas, estaba muy asustada. Me quedé medio arrodillada, atada a los barrotes que había en la pared. Estaba temblando. Hasta que vi el rostro de Reira-san.
-Hoy nos lo vamos a pasar en grande, mi ukecita.- estaba muy extraña, eso me asustaba… De repente me arrancó el vestido de cuajo, haciéndolo girones. Lloré con más intensidad.- Esta noche va a ser la mejor que hayas tenido nunca…- esas palabras se clavaron en mi pecho, como dagas… Esa no era la persona que yo amaba… No quería que las cosas terminaran de aquella manera…




